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12 juillet 2014 6 12 /07 /juillet /2014 10:19
LA INSIGNIFICANCIA VERSION MILAN KUNDERA

Dos ideas y una duda sirven de fundamento y estructuran La fête de l’insignifiance la breve novela que, como un divertimento de sus 85 años, acaba de publicar en Francia, después de aparecer en italiano, el escritor checo Milán Kundera.

La insignificancia predomina entre los espíritus humanos, lo trivial es mucho más representativo y útil para las personas que la inteligencia y la brillantez. Es inútil ser brillante. No sirve para gran cosa en sociedad porque una persona brillante inquieta. Alguien superficial calma el espíritu, por mimetismo, de un interlocutor cauteloso de las reglas sociales, y por lo tanto, normal. Hemos llegado, sugiere Kundera, al reiterado reino de lo insignificante en su estado más puro, es decir en su repetición como norma. En un pasaje, al final del libro, el personaje de Ramón diserta sobre el tema ante D’Ardelo:

La insignificancia, mi amigo, es la esencia de la existencia. Ella está con nosotros en todas partes y siempre. Está presente ahí donde nadie quiere verla: en los horrores, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Esto exige a menudo mucho coraje para reconocerla en condiciones también dramáticas y por llamarla por su nombre. Incluso aun cuando se trate sólo de reconocerla, hay que amarla a la insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí, en este parque, delante de nosotros, mire amigo mío, ella está presente en toda su evidencia, con toda su inocencia, con toda su belleza. Sí, su belleza. Como usted mismo ha dicho: la animación perfecta…y completamente inútil, los niños que ríen…sin saber por qué, acaso no es bello? Respire D’Ardelo, mi amigo, respire esta insignificancia que nos rodea, ella es la clave de la sabiduría, ella es la clave del buen humor.

A esta primera idea se une otra: ya no se comprenden las bromas, el humor ha dejado de formar parte del carácter de los hombres, asociar la ingeniosidad a la reflexión no forma parte ya de los espíritus contemporáneos. Nadie sabe distinguir una broma de la seriedad. La risa como ruptura sutil de la linealidad ha dado paso en el mundo actual a la gravedad de lo correcto como postura a respetar. “Las bromas se han convertido en algo peligroso”, opina el personaje de Calibán recordando una anécdota de Stalin que sirve de eje para representar con sorna a figuras del imperio soviético. Stalin, Kalinine y Khrouchtchev personajes de una sátira insertada como anécdota, intervienen de manera fantástica en la historia que acontece en el París actual. Una broma de Stalin, incomprendida por sus fieles colaboradores, puede alterar su significado al ser re-interpretada más de medio siglo después: Stalin, vestido de cazador de perdices, y Kalinine irrumpen en el parque de Luxemburgo, en el centro de París, ante los ojos de Ramón, de D’Ardelo y de los paseantes que no saben si condenar, silbar o aplaudir la presencia anacrónica del bigotudo que dispara sobre las estatuas de María de Medicis y de Valentina de Milan.

La duda sobre la significación del ombligo como nuevo centro de seducción femenina, completa esta celebración de lo intrascendente, y ocupa las primeras páginas del libro. Si la seducción femenina no se ubica ni en los senos, ni en las nalgas, ni en los muslos, sino en el ombligo exhibido al aire por las mujeres en pleno verano, ¿cómo interpretarlo?: Pero cómo definir el erotismo de un hombre (o de una época) que ve la seducción femenina concentrada en el medio del cuerpo, en el ombligo?, se interroga el narrador.

El nuevo cambio de centro de fascinación elimina toda individualidad, la gloria de lo único: el ombligo es un llamado a un ejercicio de repetición colectiva. Además la mirada a ese exhibido hueco en el centro del cuerpo remplaza la admiración por la belleza o la voluptuosidad de la mujer.

La fête de l’insignifiance es una novela de hombres. De la amistad entre cuatro hombres (Alain, Ramón, D’Ardelo, Charles y Calibán) contada por un narrador, evidentemente masculino, que acentúa un rasgo singular de la historia: para tratar de definir traumas que tienen que ver con el nuevo centro de erotismo, las relaciones con personajes femeninos y con las madres se alternan: la primera vez que Alain se fascinó por el misterio del ombligo fue el día en que el vio a su madre por última vez, anota el narrador.

Esto hace que las mujeres en el libro funcionen como referencia de comportamientos masculinos, de deseos y aprehensiones, aun cuando la ruptura que provoca la burla tampoco las excluye: Mariana, una joven camarera portuguesa, es la única persona que puede comunicarse con Calibán cuando éste finge sólo saber hablar paquistaní, La Franck, al declamar en público, se convierte en la atracción de la fiesta central del libro, la fallecida madre de Alain le habla al oído con frecuencia a su hijo que se confiesa ser un notable especialista en pedir disculpas, etc. Estas situaciones son descritas, como acostumbra Kundera, a través de rupturas insólitas de la lógica, base de una cierta extrañeza que en otras circunstancias perseguirían un efecto cómico.

Tal y como lo ha expuesto en sus libros teóricos, Kundera pretende que situar a sus personajes ante conflictos existenciales, permite confrontar la historia narrada a diferentes ángulos de percepción. Sin embargo, rindiéndose ante la evidencia de lo inútil que resulta hallar un lugar coherente para el ser humano en el mundo, el humor pasa ahora a jugar un rol de observador divertido de un desorden (y de una ligereza) irremediables, que anulan la eficacia de la risa.

Vale preguntarse, ¿de qué manera encontrar una solución para actuar en el mundo si, por una parte, la única resistencia válida es no tomar al mundo en serio y por otra, las bromas han perdido su poder? Para Kundera el único consuelo consiste en elogiar la insignificancia, en participar resignados en sus festejos. La condescendencia de participar a su manera en la trivialidad nos obliga a abandonar la tentativa individual de desacralizar nuestra presencia en el mundo, o a guardar para nosotros mismos el ejercicio del humor: lo cómico se limita a un espacio tan íntimo que termina en un reciento privado, en la soledad de lo secreto.

La aceptación de esta derrota no incita ni siquiera, me digo, a las piruetas divertidas de la ironía o la sátira. El puesto de simple espectador o de simulado participante, piensa Kundera, es la mejor prueba del fracaso del humor. En este gesto creo percibir, sin embargo, una sutil reivindicación de la diferencia: el libro, la fiesta escrita, la novela, son la prueba de esta precaria venganza. Hasta cierto punto se repite aquí una de las ganancias de la pasada modernidad: la del poder omnipresente del sujeto.

La renuncia sugerida por Kundera es, hasta cierto punto, la posición cómoda de una inteligencia de 85 años que presencia impotente el espectáculo de un mundo nuevo. Es más en esta resentida postura intelectual, que en la dudosa profundidad filosófica de la trama contada, o en la identidad reconocible de la composición, donde deben detectarse los signos envejecidos de una de las más relevantes estéticas literarias del siglo XX.

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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