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18 octobre 2014 6 18 /10 /octobre /2014 12:26
UNA LECTURA DE LA SATIRA EN CUBA :  INDAGACION DEL CHOTEO DE JORGE MAÑACH

I

En el cuadro José Francisco del pintor español Víctor Patricio Landaluze que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de La Habana, un negro esclavo que trabaja de criado en una suntuosa casa, besa los labios de la estatua de una mujer blanca y aristocrática, al abrigo de miradas indiscretas, excepto, claro está, de la mirada del pintor y de la nuestra. Este cuadro del siglo XIX se puede considerar una representación visual del choteo cubano. Para que esto se acepte, claro está, es necesario deslindar la doble visión que nos impone Landaluze y que corresponde a dos aspectos de dicho choteo. La primera se deduce del atrevimiento ingenuo del esclavo que viola las reglas propias de su condición, y se iguala a escondidas al inaccesible universo social y carnal de sus amos. La segunda, la del pintor y la del espectador que nosotros somos, juzga con una burla el acto del parejero José Francisco.

Lo que define al choteo, a la manera en que lo expone el cubano Jorge Mañach en 1928, está implícito en esos dos gestos simultáneos del cuadro: igualarse a alguien de autoridad superior, desacralizar con humor los emblemas de esa autoridad y juzgar, incluso, a quien lo haga sin poseer los atributos sociales que supuestamente le corresponden. Chotear es de esta manera sinónimo de desvirtuar la representación seria de un sujeto y de su discurso.

La visión que nos propone Landaluze tiene en común con la de Mañach el hecho de tomar distancia, de pretender mencionar o corregir un defecto más que describir una curiosidad. Ambos puntos de vista se apoyan en visiones personales : Landaluze es un militar español que ha estudiado pintura en Francia, para él los personajes de la sociedad cubana son sobre todo pintorescos, extrovertidos e irreverentes ; su visión es la del poder colonial, la de un europeo de paso, a pesar de terminar su vida enterrado en Guanabacoa. La visión de Mañach es la de un insular de regreso, a pesar de morir exilado en otra isla, Puerto Rico.

Para Mañach, alumno de un colegio español, estudiante en Harvard y en París, el cubano es un ser socialmente incompleto. El mejor ejemplo es el del choteo, « fenómeno psicosocial » que él considera lamentable. El choteo es la prueba de la levedad del carácter del ser cubano en los primeros años de la república, del desequilibrio de su sociabilidad. El esclavo José Francisco de Landaluze que besa la escultura del ama blanca, es para Mañach el cubano independiente que tira una trompetilla a un orador público y que debe cambiar « con el advenimiento gradual de nuestra madurez, con la alteración paulatina de nuestro clima social ».

Partiendo de considerar al choteo como el rasgo definidor de la sátira en el imaginario cubano, el objetivo de este trabajo es analizar los aspectos expuestos en la Indagación…que, según Mañach, caracterizan a esta sátira. No se trata aquí – como se puede inferir del título –de remontarse a los orígenes del género en Cuba, ni de describir un itinerario del mismo hasta la actualidad, sino de exponer los hipotéticos aspectos de un discurso satírico a partir de las ideas que Mañach desarrolla, y de especular sobre su presencia en ciertas zonas de la literatura y el arte cubano contemporáneos.

II

       El pensamiento de Mañach está marcado por una intención didáctica y ética. En un artículo publicado en la revista Bohemia Mañach confiesa escribir « para higiene del espíritu cubano ». En su libro Historia y estilo de 1944 él extiende este objetivo a toda la nación cubana al reconocer que su trabajo de análisis histórico se propone ser « una incitación para el ejercicio cada vez más pleno del deber en que todos los cubanos estamos de crearnos la nación que nos falta ».

Al hablar de higiene Mañach aplica a la salud espiritual del cuerpo cubano un término médico con una doble significación ; la conservación de la salud y la prevención de enfermedades. Para Mañach tanto el espíritu del sujeto cubano como el del espacio social republicano que este sujeto habita, están enfermos por ser incompletos. De esta manera la acción de reflexionar y de escribir es doblemente intelectual – en su intención y en su práctica- y constituye un deber ante la carencia de un orden social como lo es la nación. En la reflexión y la escritura de estos ensayos subyace ante todo la racionalidad de una moral y el papel de educador de las masas del intelectual que Mañach asume ser. Sin embargo, vale aclarar que en la historia del pensamiento cubano la posición de Mañach se define y se particulariza por una paradoja : la de pretender construir un modelo de ser colectivo señalando los errores de un presente y de una realidad inmediata, y no citando potenciales virtudes ni buscando en el pasado las bases o las reservas de una mitología autóctona.

Es en las páginas finales de su ensayo que Mañach expone lo que se puede considerar un modelo de sujeto histórico ideal para la república cubana. Dicho modelo debe evitar, dice Mañach, que la « gracia » típica del cubano « degenere » en choteo. La fórmula para lograr esto la compone una operación aritmética de adición de « virtudes » en aras de disminuir o anular las causas del choteo. Entre las virtudes materiales, psicólogicas y morales a añadirse al comportamiento del cubano se pueden citar ; el ser más ricos, refinados, normativos, numerosos, receptivos al orden de la jerarquía. Todo esto hará, dice él, que el entusiasmo sea « auténtico » y la alegría « apetecible » provocando la desaparición de las condiciones de vida del mencionado choteo. La descripción de la sátira cubana que aparece en Indagación del choteo alterna con el rechazo, la denuncia o la corrección de un error.

Partiendo de considerar a la sátira como una forma literaria cuyo discurso utiliza registros que abarcan la ironía, la alusión, la parodia y sobre todo la burla de un paradigma determinado, se pueden precisar los índices que componen la tipología del choteo como variante típicamente cubana de la sátira, según aparecen expuestos en Indagación del choteo.

Para Mañach el choteo es una actitud psíquica, un rasgo del carácter y un « hábito de irrespetuosidad » que se explicita a través de la burla y que persigue como objetivo oponerse a todo orden, jerarquía, autoridad o poder. La sistematización de esta costumbre de « no tomar nada en serio » lleva implícita una afirmación del yo de parte de los más oprimidos de la sociedad, piensa él, que ven en la práctica de este ejercicio desacralizador un signo de independencia.

La independencia del sujeto que expresa el vituperio del choteo, se puede resumir a través de un deseo de no ser molestado por un sujeto-Otro, a la vez emblema de la autoridad y blanco de la burla. « Alguien ha dicho que el ideal de los españoles se puede expresar con esa frase castiza : hacer su real gana », escribe Mañach, antes de concluir con una idea clave sobre el carácter de los cubanos : « De los españoles hemos heredado, quizás, ese espíritu ; pero en nosotros asume una forma menos díscola y activa. El cubano generalmente se contenta con que no lo molesten. La libertad en abstracto le tiene sin cuidado, con tal que no llegue a afectar su personal albedrío ».

El choteo es en fin para Mañach, sinónimo de libertinaje, holganza, improvisación y hedonismo tropical. Aunque este texto haya sido ensencialemente considerado un ensayo de psicología social, Mañach no se limita a describir el fenómeno sino que especula también sobre las causas de esta sátira que son según él, la naturaleza insular y la Historia :

[…] debe afirmarse […] que hay en la idiosincrasia cubana rasgos peculiares que, originados unas veces y acusados por el clima o por las circunstancias sociales en que hemos venido desenvolviéndonos, tienden a facilitar esa perversión de la burla que llamamos choteo.

En lo que respecta al primer aspecto, el independentismo que sugiere la insularidad, Mañach continúa una idea fundadora del imaginario cubano enunciada por Félix Varela en el siglo XIX y desarrollada desde entonces por innombrables ideólogos de la cultura cubana : el estatuto geográfico de isla determina la independencia y la diferencia de su imaginario, su conciencia de isla. Sin embargo lo que le interesa a Mañach es condenar los efectos para él nefastos que esta diferencia puede engendrar. « Cuba se ve obligada al descubrimiento de su propia insularidad » escribe en su ya citado libro Historia y estilo, antes de añadir : « Tiene, a la vez, la conciencia de su insularidad y de su debilidad ». Mañach es el pedagogo de esta debilidad. Esta debilidad se puede resumir por la falta de armonía y de equilibrio de la expresión cultural de « la idea nacional » que fundara el patriciado cubano desde finales del siglo XVIII. La levedad del espíritu que revela el choteo fragiliza la solidez del ser nacional y pervierte, incluso, la dosis adecuada de humor y de alegría que el carácter humano necesita para ser feliz.

Con respecto al segundo aspecto, la Historia es para Mañach sobre todo una historia del espíritu, la genitora de una sucesión de estilos que organizan la expresión de dicho espíritu. Es la inmadurez de la república cubana y la juventud de su independencia de España, quien facilita, según él, las condiciones de la degradación de la sátira en su versión choteo. Esta inmadurez Mañach la identifica, desde el punto de vista histórico, con la ausencia de serios desafíos colectivos. En una reedición de 1955 de este ensayo Mañach añade lo siguiente : « Pero, afortunadamente, hablamos de una época ya casi enteramente pasada. Así como el choteo ha sido el resultado de un ambiente, también lo ha sido de un determinado período que ya toca a su fin –el período que pudiéramos llamar de improvisación en nuestra vida nacional ». La fórmula choteo versus orden aparece implícita en este razonamiento. Sin embargo –y he aquí otra contradicción de su pensamiento- junto a la educación, son las revoluciones que él viviera, la de 1933 contra Machado y la de 1959 contra Batista, quienes contribuyen según él a disminuir los grados de hilaridad negativa en el carácter del cubano. Un ejemplo de esto es que el triunfo de la revolución del 59 lo motiva a un exaltado artículo en la revista Bohemia, y el entusiasmo por lo que ocurría en Cuba entonces, lo lleva incluso a integrar el jurado del primer premio literario organizado por la Casa de las Américas en 1960.

En toda exposición didáctica de Mañach subyace la presencia de un sujeto letrado que actúa como mediador entre modelos culturales extranjeros y el sujeto cubano medio o popular, republicano. Es este sujeto letrado quien debe contribuir a crear « el espíritu clásico dentro del afán moderno » en el seno de « la patria ». Mañach como encarnación criolla de este sujeto rector, configura su visión clásica a partir de su propia experiencia vital, de su pertenecia en diferentes momentos a las culturas cubana, española, norteamericana y, en menor medida, francesa. Estas pertenecias el propio Mañach las conceptualiza a partir de la expresión de esas culturas, es decir de sus idiomas :

Lo español es lo rotundo, lo categórico, lo de una sola pieza…El inglés es lengua de la voluntad práctica…es una buena influencia. Nos acostumbra a rebajar el énfasis heredado, a ser más directos, concisos, sustantivos…El francés es la lengua de la inteligencia…disciplina de claridad, de orden, de elegancia : en una palabra, de sentido sereno y clásico de la vida.

Este análisis sintético de Mañach es un ejemplo de la importancia que él concedía a la expresión como representación de una cultura, a la comunicación como medio de visualizar y relacionar la identidad de una nación, a la palabra. En la conciencia ecléptica de Mañach el discurso desacralizador del choteo cubano no puede permanecer como símbolo del carácter cubano, porque se sitúa, con su ligereza, en las antípodas de la afirmación de la gravedad clásica que debe poseer toda nación seria.

En un lúcido estudio sobre Mañach que data de 1971, Andrés Valdespino anota dos consecuencias paradójicas de « esa encrucijada de culturas » en Mañach : « su marcada tendencia al equilibrio, a rehuir posiciones extremas », y su « personalidad contradictoria y, hasta cierto punto, trágica ». « La tragedia íntima de Mañach », anota Valdespino, « era sentirse a veces extraño en su propio ambiente ». Es este extrañado Mañach el que critica al choteo por sus excesos irrespetuosos. Quien condena la falta de espíritu crítico y la burla de lo autoritario, es el Mañach que vuelve de centros universitarios europeos y norteamericanos, mientras que el Mañach ciudadano ocupa, como ningún otro intelectual republicano la escena visible del espacio público nacional.

En el plano político, Mañach participa con otros intelectuales en 1923 en « La Protesta de los trece », milita en la lucha contra el dictador Gerardo Machado como miembro fundador del partido ABC, llega a ocupar, entre otros cargos, el de senador en 1940, dos veces es ministro, en 1934 en el gobierno de Carlos Mendieta y, la segunda vez, en el gobierno del primer Batista, en 1944. En el plano cultural basta mencionar brevemente su papel en el grupo « Minorista », en la fundación de la vanguardista Revista de Avance, su creación de la llamada Universidad del Aire, programas de radio con fines educativos, su puesto de profesor titular de Filosofía en la Universidad de La Habana, en fin, sus múltiples libros de ensayos y sus más de dos mil artículos publicados en numerosas revistas cubanas. Sin embargo, Mañach fue, también, aunque se olvide señalarlo, un recurrente exilado. Tres veces sale de Cuba por razones políticas, en marzo de 1935, en 1952 huye de la represión batistiana y, por último, en 1961, al proclamarse el carácter comunista de la revolución cubana, se va a impartir cursos a la Universidad de Río Piedra, en Puerto Rico, donde muere pocos meses después.

Estos aspectos de la sociabilidad de Mañach sirven para explicar otros ángulos de la inconfordidad contradictoria de su discurso sobre los vicios del choteo. Sus idas y venidas de Cuba al extranjero acrecientan sus deseos de que el espíritu del cubano siga los cánones de las grandes naciones que él conoce para que su humor se limite a « una jovialidad de buena ley ». Su esfuerzo comunicativo lo lleva a ocupar todos los espacios posibles de difusión que van apareciendo en Cuba ; la prensa, la radio, la televisión, etc. Sin embargo, « como buen liberal Mañach intenta ubicarse entre el conservadurismo de derecha y el radicalismo de izquierda ; y en ese contexto critica los particularismos que, según él, mucho daño pueden hacer a la constitución de nuestra nación […] ». Estas idas y venidas del hombre Mañach, repito, explican también la curiosa ambivalencia de su condenación del choteo. A las críticas ya citadas más arriba, Mañach añade la aceptación de ciertos rasgos positivos en el desarreglo persistente del humor cubano : « la familiaridad », « el desintéres », « la melancolía », « el pudor » escondido, en resumen, escribe, la « mezcla peculiar de virtudes y defectos ».

Mucho se ha insistido sobre el aporte de este texto a los estudios de la cultura cubana. Como texto canónico de la interpretación de la sátira en Cuba, vale la pena precisar las bases teóricas sobre las cuales él estructura su análisis. La crítica se pone de acuerdo para reconocer en este texto como ensayo filosófico o psicosociológico. Mañach desde el inicio de su Indagación…confiesa emplear tres métodos para su análisis ; el etimológico, el empírico y el lógico. Sin embargo al insistir en su interés por concentrarse en las « menudas concreciones » de la sociedad, « en sus pequeños módulos vitales », Mañach menciona los elementos constitutivos de un método fenomenológico. Pero la fenomenología de Mañach viene de una reelectura de Hegel y sobre todo de Husserl, llegada a él a través del filósofo español Ortega y Gasset.

Si en el contexto cultural cubano de los primeros años de la república, dos libros de Fernando Ortiz, Entre cubanos. Psicología tropical de 1911 y sobre todo, La decadencia cubana de 1924, son claros antecedentes de las reflexiones de Mañach sobre el choteo, es esencialmente el libro España invertebrada de Ortega quien funciona de modelo para que él escriba su Indagación…« Desde hace más de treinta años Ortega y Gasset es una de mis grandes devociones de lector », confiesa Mañach en su ensayo Imagen de Ortega y Gasset, escrito como homenaje al español un año después de la muerte de éste.Conceptos claves de la filosofía de Ortega, como « la razón vital » o « la razón histórica », la noción de « relación » que para Mañach es la más importante de Ortega, aparecen de una manera u de otra en el imaginario y en la prosa del cubano así como en su predominante perspetiva historicista. Es evidente, sin embargo, que Mañach no renovó sus puntos de vista fenomenológicos con la adopción de los postulados que introdujera en esta escuela filósofica el francés Maurice Merleau-Ponty a partir de su libro Phénoménologie de la perception de 1945, en el cual el cuerpo del sujeto se convierte en eje de su presencia en el mundo.

Mañach no sería nunca un filósofo del cuerpo, sino del espíritu. De un espíritu práctico, vale señalar. Un pragmatismo –heredado de sus lecturas del filósofo norteamericano John Dewey- que persigue infundir en el pueblo y en su conciencia los valores culturales que puedan transformarlo. Sin olvidar que en dicha transformación, como hemos visto, Mañach incluye la supresión de la sátira, o al menos, de los excesos de sus dosis de burla.

Mario Parajón, en una breve semblanza de su vida y de su obra, alude a un aspecto de la herencia de la estética de Mañach que yo considero capital : « haber desarrollado su vocación de hombre íntimo que invita a los demás a tener también una intimidad ». Pienso que si aceptamos esta ganancia del ser nacional cubano, la crítica del choteo de Mañach puede interpretarse como una reacción contra lo irrespetuosamente extrovertido de ese ser, contra el exceso de burla de la autoridad, contra la falta de intimidad del ego.

Para terminar intentaré dar respuesta a dos dudas para que este breve análisis vaya más allá de una lectura histórica de la sátira en Cuba, según el punto de vista de Mañach. La primera duda se refiere a la vigencia de la indagación de Mañach en el imaginario cubano contemporáneo, y, la segunda, sobre la presencia o no del choteo como variante de la sátira, en algunas zonas de la literatura y el arte cubanos más recientes.

III

           En un libro sobre la historia de Cuba que parece más bien una guía para turistas, el espeléologo y capitán cubano Antonio Núñez Jiménez escribe en un castellano de dudosa calidad, sobre Mañach y el choteo : « Mañach, con la limitación que entrañaba su posición de clase burguesa, en definitiva al servicio del capitalismo y de su sostén, bordea alguna de las esencias sociales y políticas del choteo, pero no llega a desentrañar la explicación de sus verdaderos alcances […] En realidad el choteo se explayó sistemáticamente contra el orden social aquí establecido, es decir, contra la sociedad burguesa y la prueba de esto es cómo el choteo va finiquitando a medidad que las ideas del marxismo-leninismo van sustituyendo, a partir de la década del 30, aquella arma del pueblo. Ya ante el heroico drama del Moncada, del « Granma » y de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, el cubano no chotea. En Girón ya el choteo es un elemento fósil de la sociología cubana ». Es curiosa esta antitésis: tanto Mañach, como un ideólogo menor del poder revolucionario, coinciden en la oposición al choteo, el primero desde un letrado elitismo ortegano, el segundo desde una ramplona ortodoxia marxista.

        Aún suponiendo que esta opinión de Nuñez Jiménez haya envejecido – el libro en cuestión data de 1984- y que la falta de méritos intelectuales del autor anule el valor de lo que en el mismo aparece, el tiempo y los hechos prueban que ni Mañach ni el choteo han tenido una buena aceptación bibliográfica en la historiografía oficial cubana. Apresuro dos razones : Mañach por ser un exilado, y el choteo por basarse en la burla de la autoridad y del orden, por la sensación de libre albedrío que lo acompaña siempre. Esto no significa, claro está, que ni la influencia del pensamiento de Mañach entre los más jovénes intelectuales cubanos no exista, ni que el choteo haya dejado de ser la más representativa forma de la sátira en los imaginarios artistíco y popular cubanos. Si hacemos como Mañach y nos limitamos fenomenológicamente a los hechos en sí, es decir, en el caso del imaginario artístico, a la literatura y al arte, y en el caso del segundo, al lenguaje y a un género oral muy en boga en Cuba, el chiste ; tenemos que reconocer que la sátira en forma de choteo, no sólo no ha desaparecido de la sociabilidad y del arte cubano de dentro y de fuera de la isla, sino que se ha convertido en una forma de expresión típica. La autoridad omnipresente y el deseo de libertad, entendida ésta como ruptura de un orden impuesto, son los blancos de dicha sátira.

       Para terminar sólo me limito aquí a mencionar, sin describir ni analizar, algunos ejemplos. En el caso de la literatura cubana del exilio, basta con citar el choteo a la autoridad literaria presente en Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante y en El color del verano de Reinaldo Arenas, para ilustrar la afirmación precedente. Por su parte, tanto la estructura como el lenguaje de Mea Cuba, también de Cabrera Infante, el más completo libro de textos políticos cubanos de las últimas décadas ; se articula alrededor de una sátira con muchos puntos de contacto con el choteo. Otros casos de humor sátirico, con muchos puntos de contacto con el choteo, son evidentes en las recientes escrituras de los también exiliados Enrico del Risco y Ramón Fernández Larrea.

       Termino con algunos ejemplos procedentes de Cuba donde aparece el choteo dirigido en ambos casos a ridiculizar tanto la figura del Dictador, como su retórica política.

En un pasaje de su ensayo « Libertad con minúscula y el choteo de los jueces en el cine de Gutiérrez Alea », Aída Beaupied establece un paralelo entre las ideas de Mañach sobre el choteo y una escena de la película Guantanamera de Gutiérrez Alea. La última película que Alea dirigiera, termina con el discurso del personaje simbólicamente llamado Adolfo, en el cementerio de Colón de La Habana. « […] Adolfo termina choteado por un aguacero que le moja el papel y empaña la tinta de su discurso. Con la lluvia surge además una ventolera que no sólo le arrebata el papel de las manos, sino que lanza al piso la escalera que había usado para subirse al pedestal mientras el público, corriendo, se aleja dejándolo solo. La única persona que queda en el cementerio es una niñita que ya había aparecido varias veces para anunciar la muerte ». Beaupied cree ver aquí una metáfora del final de un dictador, de su representatividad teatral, de su voz y de su retórica escrita, desaparecidos por un aguacero al tiempo que una voz en off cuenta una leyenda afrocubana sobre la muerte. Añado otro ejemplo del conocido filme Fresa y chocolate, también de Alea. Diego el homosexual, pone un disco de Maria Callas y pregunta en voz alta que cuándo Cuba dará una voz como esa, sí, afirma ante un David perplejo, porque ¿hasta cuándo vamos a seguir con María Remolá ? María Remolá, yo aclaro, es una cantante menor de ópera que dominó durante décadas la escena lírica cubana. En ambos casos, la burla a la figura del Dictador, a su omnipresencia y a su discurso, es evidente, aunque no tanto, claro, que como en Alicia en el pueblo de Maravillas del director Daniel Díaz Torres y guión de Jesús Díaz. En este filme un pueblo inaccesible de donde además nadie puede escapar, es gobernado por el director de un sanatorio que a la vez constituye una encarnación del diablo. Alegoría, parodia, sátira y choteo llevan al extremo la burla a la autoridad del dictador.

Nada mejor, creo, para terminar con esta urgente especulación del choteo cubano actual, que referirse a un cuento de Pepito, sin dudas el personaje más popular de Cuba. A fuerza de querer criticar o ignorar la voz autoritaria del discurso oficial, el mejor ejemplo de choteo de las últimas décadas, en el interior de Cuba, terminó por ser casi mudo, es decir, escogió la oralidad en voz baja, el susurro, la falta de prueba escrita por temor a la delación. Es un imprudente Pepito quien mejor lo encarna.

Pepito es un niño que, como niño, dice lo que piensa sin reflexionar y lo que él piensa y dice equivale, casi siempre, a un comentario sobre lo que acontece en ese momento en el país. Un día, cuenta la voz popular, la maestra de Pepito quiere evaluar la cultura política de su alumnos delante de un inspector que viene a visitarla. Para esto le muestra a los niños un retrato de George Busch y les pregunta si saben quién es. Ningún alumno responde y ante tal situación ella sólo atina a dar algunas pistas : -Por culpa de ese hombre estamos bloqueados, pasamos hambre, no tenemos luz eléctrica todo el día, no somos más ricos y prósperos...Pepito la interrumpe para ayudarla delante del inspector y grita : -Maestra ya sé quien es, lo que pasa es que así, como está en la foto, afeitado, sin barba, con corbata y sin uniforme verde olivo no lo reconocía, seguro que antes de llevarlo al hospital lo pusieron así...

Un estudio de las formas que adopta el humor satírico en el imaginario cubano contemporáneo, permitiría determinar mejor la continuidad o la ruptura con los postulados de Mañach y de su Indagación del choteo y, sobre todo, precisar la probable existencia de una tipología de la sátira en el arte y la sociedad cubana con muchos puntos en común con el choteo que Mañach describiera.

 

Publicado en : América, No. 37, Sorbonne Nouvelle, 2008, p. 53-62

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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anonimo 17/12/2014 23:17

Muy buen articulo, este, el autor logra tomar en serio algo tan complicado como es la condición de cubano.

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