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24 avril 2016 7 24 /04 /avril /2016 12:54
 ARQUEOLOGIA DE LA FOTO DE UNA DINASTIA

El control y el miedo forman parte del poder totalitario. Uno y otro van de la mano, se vigilan, no pueden distanciarse porque ambos se pertenecen. El miedo engendra el control, y el control infunde el miedo, es su objetivo segundo después de informar, de inmovilizar la realidad para congelarla, porque ese es su objetivo más intenso: que nada ni nadie logre escapar con otros símbolos del ruedo de la repetición de lemas rancios.

El control abarca todos los sentidos, aunque la vista que vigila es su aliado más evidente. Gobernar es ver y ser visto con las intenciones del poder, es decir, no dejarse ver de otra manera que la suya propia, con sus mensajes reiterados desde lo alto.

Una de las sensaciones más difíciles de describir es la provocada por el control permanente, una de las evidentes es exhibir  las pruebas de cómo el poder quiere ser visto, porque esas imágenes él las fabrica con ese fin; para ser difundidas entre la masa obediente y ante el mundo.

La foto que ilustra estas palabras es elocuente, es un claro mensaje congelado para el pueblo de Cuba.

Fue tomada en La Habana, el último día del séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba. La imagen instantánea muestra la familia del poder en Cuba. Su temporalidad es relativa: es de un hoy que prolonga un letargo y ordena un futuro inmóvil. El paso del tiempo deteriora la apreciación inicial de la escena, aunque los protagonistas de la tríade parezcan ignorar sus tres cuerpos envejecidos que suman casi 3 siglos de años vividos.

Ya el líder de la familia no se puede parar. Está vestido con la parte superior de eso que los españoles llaman chándal y los cubanos llamamos mono, de la marca Adidas. El uso de esta indumentaria estrafalaria y ridícula en un senil jefe de estado jubilado prueba la desconexión del poder cubano con el mundo. La fallida lejanía con las más simples reglas de la elegancia.

Ha envejecido tanto el Dictador que lo reconoce: su discurso parece una despedida ante la proximidad de sus 90 años  y los 57 cumplidos del reinado local llamado “revolución”. Tenía casi 33 cuando llegó al trono, y hasta esa edad de Cristo contribuyó al mito. Ahora reconoce que su cuerpo es mortal, pero sigue creyendo que la otra parte de su cuerpo, el estado, es eterno.

La otra parte de su cuerpo, su prolongación, es el hermano que lo sostiene por una mano. Ese gesto de árbitro de boxeo decretando al ganador, que tanta confusión provocara en la foto de Raúl Castro con Obama, ahora parece más ridículo, porque el supuesto vencedor está sentado, con los brazos abiertos en cruz tal un Cristo rendido a la fatiga y con la mueca que quiere ser una sonrisa, porque el otro brazo lo levanta uno de los súbditos más fieles e ineficaces del reino, José Ramón Manchado Ventura.

Se ven en la escena o se insinúan otros personajes que, como segundones al fin, tienen que mostrar permanente exaltación hacia sus mayorales: sin ellos no fueran nadie, y sus amos pueden mandarlos al olvido con un simple gesto.

A la sombra y detrás del Comandante otrora Jefe, la silueta del canciller Bruno Rodríguez – el mismo que esperara a Obama con un paraguas en la escalerilla del Air Force One y que el día previo a esta foto catalogara de “agresión” la visita del presidente americano a Cuba –. Más alejada la sombra de la principal figura decorativa del castrismo, un tal Miguel Díaz Canel a quien, para disimular, los Castros han nombrado vicepresidente primero. También una mujer en trance, histriónica, a la izquierda de Castro 2; una camarada del partido, ya mayor que, como en una cadena espiritista, estira los brazos y cierra los ojos, sin poder precisarse si llora de sufrimiento o se regocija.

Faltan por mencionar dos personas – olvidemos al intruso secuaz que cumple su misión y mira detrás cómo Bruno Rodríguez fracasa en el intento por tomar la mano del rey que sostiene Machado Ventura – y fijémonos en el jefe de los guardaespaldas, el nieto preferido de Castro 2, “El Cangrejo”, el mismo que ridiculizara la televisión francesa por el apego insensato a su abuelo durante su viaje a París.

“El Cangrejo” mira hacia nosotros con una mezcla de arrogancia  e ironía. Seguro de sí, del relevo asegurado de los Castros que a él, sin dudas el menos sagaz de los herederos, le han dado como misión, proteger sus cuerpos como garantía de su propia existencia en la cima del reinado.

En la familia real cubana y en su dinastía todo está muy bien organizado para la permanencia temporal de su espíritu, de su casta al frente de la isla. Pero todo orden impone jerarquías, y no hay que pecar de ingenuos y dejar en manos de imbéciles la administración de las decisiones del estado y la gestión de la fortuna familiar. 

Por esa razón el autor de la foto que vemos pudo haber sido Alex Castro. Es él quien se ocupa de la imagen oficial de la corte, y sobre todo de su padre Fidel. Se le reserva la misión práctica de ofrecer las únicas fotos del soberano cuando esté recibe a los visitantes extranjeros que en programadas peregrinaciones acuden a Punto Cero, la residencia mucho tiempo secreta del Comandante en Jefe. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo” y Alex, cumplen las tareas, complementarias de incapaces; cuidar los cuerpos y sus radiografías públicas, como escrupulosos subalternos del clan.

Faltarán en la foto, por supuesto, los más conocidos candidatos a la corona de la familia. Antonio Castro, el hijo médico de Castro 1, el más exuberante por el exceso de sus lujos y sus vacaciones en yate privado por el Mediterráneo. Y los dos más sobresalientes hijos de Raúl: Mariela – esposa de un italiano devenido empresario en Sicilia –, y el coronel Alejandro Castro Espín, más conocido por “El Tuerto” ­– por el estrabismo de un ojo ­­–, favorito en todas las encuestas a la corona de su padre. No se puede predecir si un rey tuerto sea un mal presagio; tratándose de un militar es más bien un signo de presteza adelantada al disparo de una bala contra el enemigo.

Unir a los tres Castros de padres diferentes, sería demasiado evidente y agitaría rivalidades riesgosas. Además, la foto no es para el futuro, sino para enviar un mensaje de eternidad presente, de permanencia del espíritu dominante aún después de la muerte de esas siluetas seniles que se sostienen apenas entre sí para no caer  o tropezar. Un mensaje, eso sí, de preferencia nacional y doméstica: nada cambiará para los ciervos de la isla, seguiremos aquí presentes, en los cuerpos jóvenes de nuestros hijos herederos que nos miran desde la grada, nos cuidan las espaldas y nos toman en foto.

Falta preguntar ahora a las multitudes de analistas, politólogos, especialistas y otros que han difundido o aceptado de manera ingenua u oportunista que está ocurriendo una apertura y un cambio en Cuba, ¿qué les parece esta foto?, ¿cómo la interpretan?.

En una especie de censura por omisión, casi ningún medio le ha dado cobertura privilegiada a tanta indecente confirmación de inmovilismo. Están en juego muchas cosas y hay que tratar de pasar por alto la tomadura de pelo persistente aplicada durante más de medio siglo por los Castros, hasta a sus más relevantes colaboradores en el extranjero.

Olvidé indicar que esta foto tiene sonido. Mientras transcurre la inmortal escena, se escuchan ininterrumpidos aplausos y gritos de ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!. Aparentemente desconsolados, los asistentes, miembros todos del único partido autorizado en Cuba, lloran y gritan la despedida anunciada del abuelo de la dinastía. Tómese esta breve histeria contenida como el anuncio del futuro funeral.

El poder absoluto tiene el don intemporal de repetirse, ese es su principal argumento, y también, el más persistente de sus riesgos.

Foto: Ismael Francisco, Cubadebate

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Iván 10/05/2016 03:15

Escribes muy bien , solo repararía en decir que es una monarquia ideológica y en ellas, el relevo no viene por linaje sanguíneo

Angeles 24/04/2016 22:24

Los que quieren mantener el boom politico de la liberacion capitalista de Cuba estan como el cuento de Alvarez Guedes de los papelillos adivinadores. Pasen señores pasen y digan de que son los papelillos... y cuando el cliente decia es mie....a Le decian, bravo ! otro mas que adivinó..

Joaquin 24/04/2016 19:42

Muy bueno !

José 24/04/2016 15:51

Completamente de acuerdo, mi reina. La parálisis obedece a una falta de propuestas. Decir que se quiere la democracia, la libertad de expresión y etc., no es decir nada al cubano de a pie. También los Castro usan esas palabras. La gente en la calle está esperando respuestas a preguntas más palmarias y elementales: ¿qué va a pasar con mi casita, que antes perteneció a alguien que se fue?, ¿tendrá mi hijo dónde estudiar?, ¿me van a calimbar por haber tenido un cargo en el partido o la ujc de base?... Cosas como esas. De ahí viene el miedo real, el inmovilismo a nivel de una sociedad que está harta de lo mismo.

Margarita 24/04/2016 15:08

Excelente Armandito, una descripcion de la foto perfecta y resonante. Pero te voy a contar que no creo en ese miedo, eso no existe como tal. Si a una madre se le cae un hijo en un rio repleto de cocodrilos, se lanza sin pensar; si sucede lo mismo con leones, te tiras a buscarlo. El miedo propulsa esos antagonismos, o te paralizas o te lanzas a lo que sea, en Cuba existen los dos-presentes, como mencionas- pero lo que detiene el cambio es la desunion y la vagancia, un estate quieto que no se ve nada como opcion futura, y la repeticion de situaciones amebarias- de amebas- el exilio responde como una sombra a cualquier gesto que suceda alla, sin proponer nada concreto, ahora mucho mas empañado por la entrega de falsos cartelitos de "disidentes" a otros identicos mayimbes de la supuesta oposicion. Terreno viciado, este congreso no necesitaba campaña inventada, estaba todo dicho cuando Raul dijo que si existian dos partidos, uno lo dirigia él, y el otro el muerto vivo de Fidel, y sabes, esa oportunidad de denuncia a partir de lo que ellos mismos imponen, paso en blanco, la dejaron pasar como otro cohete supositorio de los que remeten al mundo... buen domingo.

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