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8 avril 2016 5 08 /04 /avril /2016 18:51
CUBA DESPUES DE LA OBAMANIA

Ya fue. Ya ocurrió. Sí, es cierto que Obama, el presidente de los Estados Unidos estuvo de visita en Cuba. Como también es cierto que The Rollings Stones cantaron en La Habana. Para alguien (más bien para un cubano) que hubiera caído en un extenso coma, como Christiane, la protagonista de la película Good Bye Lenin, por ejemplo, lo ocurrido en los últimos días en Cuba puede ser la alucinación que confirme las secuelas de su ausencia. Pero no, es real, tan real que el desconcierto ha dado paso a la moda. La razón a la fiesta, la intelección al baile.

Mucho se ha escrito sobre esa semana. Mucho se ha hablado de los cuatro o cinco Obamas que estuvieron en La Habana. El Obama que no fue recibido por Raúl Castro en el aeropuerto. El Obama que escribió en twitter al llegar la desafortunada frase de “Qué Bolá Cuba”, se fue al “Paladar” y jugó dominó en la televisión cubana. Del otro (sobre todo de éste) el más memorable (¿no?): el Obama que se dirigió en directo a los cubanos y habló de democracia, de derechos humanos, del respeto a la opinión ajena. Y del Obama de los cubanos. El que llegó a presidente, a pesar de sus orígenes, en el país del enemigo que se harta de haber eliminado el racismo y nunca ha dado la oportunidad a nadie de remplazar al presidente. El que se esperaba como un Mesías ( 3 Papas habían pasado la prueba sin que nada cambiara para los cubanos) para ver la luz al final de un túnel que cavaron los Castros hace más de medio siglo.

Y para poner la tapa al pomo, también llegó el Obama (“Al hermano Obama”), del Dictador jubilado, de Fidel Castro. Ése, claro, tampoco podía faltar a la fiesta…para aguarla. Para dar la versión de la visita de la minoría retrógrada que se resiste a la evidencia. Esa evidencia que saltó a los ojos de todos durante la conferencia de prensa de Obama y Castro 2: el ridículo del general que no sabe disimular el autoritarismo con el que su familia ha dirigido esa finca de luces apagadas llamada Cuba.

La fiesta duró unos días, y ahora ¿qué queda de tanta hipócrita euforia, en el país que se presenta como víctima del gigante americano y ostenta dos records difíciles de ocultar: el ser el país que más ayuda externa ha recibido del mundo en el siglo XX, y el de no cambiar de apellido de presidente durante más de medio siglo?

Las razones del viaje de Obama

Obama fue a Cuba porque no había nacido aun cuando triunfó la revolución cubana. Porque creció con ella y, quizás sin darse cuenta, con su falsa luz de igualdad hacia las minorías y una larga lista de etcéteras que ha sido la estafa ideológica más grande del continente americano en el siglo XX.

Obama fue a Cuba porque la democracia le termina su mandato, no le interesa la herencia política que deja a su partido, y él y su ego quieren pasar a la historia como los primeros en bajarse del avión de Air Force One en La Habana. Esa Habana que el americano medio cree congelada como un daiquirí en la época de Hemingay, lejos de la guerra de Viet Nam y todo lo que vino después…11 de septiembre y decadencia posterior incluidos.

Se trata de un acuerdo apenas disimulado: hacemos las paces y no corres peligro del proceso judicial que mereces en una democracia que te sacaría del poder. Hacemos las paces y yo (es decir los Estados Unidos de América) dejamos huérfanos a los retrasados populistas que siguen hablando del embargo y el enemigo del norte, en toda América Latina. Ya no más “Yankee go home”. Obama puede darse incluso el lujo de llegar a Argentina el tristemente célebre día de los 40 años de la dictadura de Videla, cómplice amigo de los Castros, por cierto, como demuestran documentos desclasificados de la época y múltiples investigaciones.

El actual socialismo latinoamericano (Venezuela, Argentina, Bolivia) se cae no sólo por la levedad gastada de sus argumentos, la exigente cultura política de sus ciudadanos, sino también por el cambio de táctica del enemigo imperialista, y la pérdida de ese falso faro en penumbras que fue la revolución cubana.

La orfandad de los Maduros, los Correa, los Ortega y los Morales, merecía más espacio en los artículos críticos de la dorada semana de Cuba. Los Castros, mucho más animales políticos que sus engañados discípulos, han dejado a estos con las consignas que ellos desde hace tiempo no llevan a la práctica, abandonados a sus suertes, desorientados.

Obama se fue: ¿Y ahora qué?

La inmovilidad política de Cuba y el cálculo temporal de su vida, es una de las pasiones más erradas de los especialistas de América Latina. El pragmatismo del régimen cubano, la represión a la oposición y sus errores en Cuba y en el exilio, los intereses de ciertas potencias extranjeras en la isla, y, sobre todo, la inercia cívica del pueblo cubano; han hecho que Cuba no haya vivido la transición hacia la democracia pronosticada desde la caída del Muro de Berlín.

Igual dilema surge ante la pregunta recurrente de estos días: “¿Qué va a pasar en Cuba después de Obama?” La respuesta ha ido llegando poco a poco. Además de la errática, pero esperada columna de Fidel Castro en Granma, han aparecido en la prensa oficial los escribanos de servicio criticando lo dicho o ignorado por Obama, se sigue reprimiendo a quienes se manifiesten y, sobre todo, los cubanos siguen votando con los pies y huyendo de Cuba por cualquier vía.

No se puede negar que ciertas oportunidades surgen ahora para el cubano de a pie con la susodicha “apertura”. Pero son remiendos de sobrevida que no cambian lo esencial del régimen; su dirección política, causa de la ruina material del país.

La transición hacia una Cuba democrática sólo puede venir del interior de la isla. Esta verdad evidente fue capital en el discurso de Obama en La Habana. Es la reacción civil de los cubanos lo único que puede impedir el escenario ideado por el castrismo y por los cómodos estrategas extranjeros: la de continuar la dinastía después de la muerte de los hermanos Castros, en este caso dirigida por el coronel Alejandro Castro Espín, favorito al trono.

La visita de Obama a Cuba puede provocar a largo plazo dos situaciones antagónicas. La primera y más probable, la de legitimar el régimen y facilitar la transición ideada por éste con un heredero Castro de nuevo en el poder. La segunda, la más incierta e ingenua, sostenida por quienes no quieren remordimientos de conciencia al apoyar la política de Obama hacia Cuba; la de un cambio político exigido por la sociedad civil cubana, una vez restablecido el contacto con el antiguo enemigo y con el mundo.

 

https://www.youtube.com/watch?v=Sv3C3TfYFyk

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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