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15 octobre 2017 7 15 /10 /octobre /2017 19:54
CIEN AÑOS DE MATA HARI EN VINCENNES

I

Busco en vano el lugar exacto donde fue fusilada Mata Hari. No hoy, domingo de sus cien años de la ejecución. Cuando camino por el bosque de este que es mi barrio de adopción en el exilio, siempre me pregunto dónde puede haber estado el Polígono de tiro.

Como casi todo lo que la rodea, es un misterio el final de Mata Hari. Como su cuerpo, entregado a los estudiantes de la facultad de medicina de París, después de haber enloquecido a miles de hombres que la vieron inventar el streep-tease.

Es un misterio y un mito porque no han quedado claras las pruebas de su culpa, y porque su despedida brutal tuvo lugar aun en pleno éxito.

Su vida es conocida. Margaretha Geertruida Zelle, la holandesa nacida en la riqueza y abandonada por su padre al caer en bancarrota. Intentó ser como todos y descubrió que era bella. O peor aun, que era atractiva. Se casó por un anuncio en un periódico. El viejo bigotudo era un buen partido. Rudolf MacLeod se llamaba y la llevó como ella quería a la isla de Java en Indonesia. La mala suerte y los enigmas persiguieron a Margaretha, como si algo invisible le impidiera ser normal: su hijo muere a los 3 años por envenenamiento. Su hija Louise Jeanne MacLeod se va a vivir con su padre y no la verá nunca más. Hasta el oficial ruso con quien piensa descubrir de nuevo la pasión, desaparece casi tuerto del ojo izquierdo por los gases del frente, cuando ella cae, definitivamente, en desgracia.

Su vida en París comienza el 5 de marzo de 1905 con tres danzas orientales en el Museo Guimet. En los archivos del museo se pueden consultar sus programas: tiene tanto éxito (le pagan 1000 francos por noche) que allá va con su lento y sensual baile oriental, inventado por ella porque, sobre todo, no sabe bailar.

Ella es su personaje ficticio en su vida irreal. La inocencia irresponsable la hace jugar a los espías. Por el dinero. En el 282 del boulevard Saint Germain el capitán Ladoux le propone ser espía, como harían después en Madrid…los alemanes. Es tan irresponsable que le pide un millón de francos de honorario al jefe de los servicios secretos franceses.

Está en Berlín en 1914 cuando comienza la primera guerra mundial que la matará poco después. En París adonde regresa de La Haye porque no tiene éxito en Holanda y, sobre todo, porque su hija se niega a verla. Dos policías de civil la seguían a todas partes por París, como si no fuera evidente para todos (menos para ella) que los mejores secretos se confiesan en las alcobas de una deseada cortesana. Sobre todo si (como se puede ver en los archivos del Castillo de Vincennes), sus clientes son connotados militares que le dejan, una vez pagados sus servicios, las tarjetas de visita.

El 13 de febrero de 1916 comenzó el infierno final de la Agente H21. Ese día fue arrestada Mata Hari por los franceses y llevada a la prisión de Saint Lazare. Los alemanes la habían denunciado a los franceses aun cuando Margaretha escribiera desde la prisión: “No puedo decirle lo que no sé”. Pero sí. Mata Hari confiesa que en octubre de 1915 en La Haye, la contacta el cónsul alemán en Amsterdam Ella acepta trabajar para los alemanes por 20.000 francos, como después aceptará trabajar para los franceses que le ordenan volver a Holanda. Sus 11 baúles de ropa son retenidos por los ingleses que la mandan a Londres porque la confunden con…una espía alemana.

El último error de la inocencia de Mata Hari es cuando confiesa. Confiesa el encuentro de La Haye. Los propios alemanes en varios cables interceptados por el enemigo francés, han entregado a su espía ineficaz, a la bailarina improvisada. A la femme fatale que terminó pagando con su vida el duelo político éntre las dos potencias.

II

A las 5 de la madrugada de este domingo me despierto. He leído anoche el artículo de Paul Guimard, único testimonio escrito del fusilamiento hasta el del médico León Bizard publicado en Paris Soir en 1934. Guimard describe que a las 5 de la madrugada hubo que despertar a Mata Hari porque dormía profundamente. Tan dormida estaba que, al despertarse, la cortesana maldijo la mala costumbre de ejecutar a los condenados a esas horas del sueño.

Domingo raro el del siglo del adiós de Mata Hari que se negó a que le vendaran los ojos, y rechazó la delirante idea que le proponía su admirador, el médico Bizard: decir que estaba embarazada para esperar un perdón.

Es raro este domingo porque hace 25 grados (Mata Hari le pide a la monja que la acompaña que la abrigue bien porque hace frio afuera), y los parisinos pasan la jornada expuestos al sol y tirados en la hierba.

En meses de búsqueda se confunden las pistas: unos dicen que fue fusilada en el foso del castillo, otros en el Polígono de tiro. He visto fotos de época. He hecho cálculos de metros en un castillo y un bosque que visito varias veces por semana.

Dejo la bicicleta a la entrada del bosque. Llevo dos flores conmigo: una la tiro en el foso, la otra, en esa explanada ahora protegida por un cuidado césped donde estoy convencido estaba el Polígono de tiro.

No creo sospechen estos satisfechos paseantes de domingo soleado, que en este mismo espacio ahora de sosiego burgués, mataron de 11 balas (existen pruebas de que la bala 12 se perdió entre los arbustos) a la más célebre espía del siglo XX.

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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