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28 février 2010 7 28 /02 /février /2010 15:14
(SOBRE LA MUERTE DE ORLANDO ZAPATA TAMAYO)

        

              El 18 de abril de 2009 Oscar Arias, el presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, pronunció, en presencia de Barack Obama, un discurso titulado Algo hicimos mal durante la cumbre de los países latinoamericanos que tuvo lugar en Trinidad y Tobago.

            En dicho discurso Arias se refiere a la manida costumbre de ciertos sectores – de extrema izquierda y populistas – de América Latina, de culpar siempre a los Estados Unidos de todos los males de la región. El presidente costarricense argumenta que América Latina algo hizo mal, cuando uno se percata que, cito:

 

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

 

            La conclusión de Arias es que América Latina perdió varias veces la oportunidad de crear sociedades prósperas por no saber ella misma encontrar soluciones.

Echarle la culpa al otro es un rasgo de carácter que según Arias prevalece en los latinos, y que yo veo desarrollarse con irreparable intensidad en todos los cubanos; tanto los que representan a la dictadura, como los que viven en el interior de la isla, como en nosotros, los exilados e inmigrantes que andamos por el mundo.

Para nadie con un mínimo de inteligencia, cabe la menor duda de que es el gobierno del dictador Raúl Castro el principal responsable de la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Sin embargo el propio dictador culpa, como ya es costumbre, a los Estados Unidos de esta muerte.

Sólo hay dos hipótesis sobre las causas de la muerte del disidente cubano: al gobierno de La Habana se le fue la situación de las manos, o dejó morir intencionalmente a Zapata.

A mi modo de ver un solo elemento me parece válido para creer que el gobierno no pronosticó esta muerte: el hecho de trasladar a La Habana, y al mejor hospital, al huelguista. Esto puede indicar que un mal informe médico o la ceguera de la prepotencia, impidieron al régimen calcular con objetividad lo que ocurría.

La intención de la dictadura de dejar morir a Zapata se sustenta por varias evidencias : mandar una vez más un violento mensaje de advertencia a los cubanos de adentro, a los opositores y a quienes los apoyan fuera de Cuba, así como romper el diálogo con los EU y la Unión Europea para que no haya apertura posible.

Todo esto en un momento en que el la mayoría de América Latina integra al gobierno cubano a sus reuniones y organismos como acaba de mostrar la cumbre de México de hace unos días.

Trampa vieja esta última en la que caen, sucesivamente, los tontos inútiles que se creen originales en sus intentos renovados de acercamiento civilizado con La Habana: la de cerrar toda negociación, la de interrumpir las buenas intenciones…de los ingenuos.

Sin embargo yo sigo pensando que la culpa es nuestra, que algo hicimos mal todos los cubanos. Que formamos parte de una tradición de victimistas que, a la vez responsabiliza al Otro de todos los males y espera de ese Otro la solución a sus problemas.

Esta gimnástica incoherente es la expresión de la esquizofrenia del sujeto insular: la de creernos los mejores y a la vez la de de depender del Otro para confirmarnos esa excepcionalidad.

A nivel psicosocial, de cierta manera, reproducimos la estrategia repetitiva del poder que culpabiliza siempre a los EU, pero lo hacemos, claro, en otro sentido y contra nosotros mismos.

Juan Ramón Jiménez, un andaluz exilado que sabía de islas por haber vivido en Cuba y en Puerto Rico, donde murió, le decía a José Lezama Lima que los cubanos “han estado más atentos a los barcos  que les llegaban que al trabajo de su resaca”.

Soy de los que piensan que más nos fragilizan la querella interna de los protagonismos, los ataques entre nosotros, y el arte de la queja (no acabamos con el comunismo por culpa de los Otros) que las propias astucias de un régimen que, si uno lo sigue con cautela, repite una y otra vez sus estratagemas.

Cuando los franceses me preguntan si un día volveré a vivir a Cuba, dudo. La razón principal no son las incomodidades derivadas de la devastación material (¿qué voy a hacerme sin los museos, sin mis cremas y vinos de Burdeos?, bromeo con mi hija Ariane), sino los estragos que en la cabeza de cada uno de nosotros ha provocado tanta soberbia totalitaria y la desinformación.

No hablemos, claro, de nuestra cultura política que, aún con las oportunidades de crecimiento en las democracias del exilio, sigue, a mi juicio, dejando que desear.

            La muerte de ese pobre hombre que era Orlando Zapata Tamayo, de un coraje que no tuvimos ninguno de nosotros, nos recuerda dos cosas: fuimos incapaces de salvarlo de la muerte, y necesitamos de ese acto extremo para hacernos escuchar.

            A Jorge Mañach, ese otro cubano esencial que el régimen borró de sus menciones durante muchos años, le gustaba repetir que Cuba se había siempre liberado “desde la nostalgia”.

Mañach se refería, claro está, al sentimiento de libertad, desde la lejanía, que animó siempre a los exilados cubanos.

Zapata nos obliga a creer que desde el interior de Cuba también se puede empujar ese muro ancho de más de 50 años. Como sea: militando, enviando noticias, simulando o ejerciendo las más discretas maneras de decir ¡NO!

            Es necesario repetirlo: nadie va a venir a ayudarnos a liberar a Cuba del castrismo.

Si bien es cierto que los Otros son en parte responsables de nuestra desoladora falta de libertad, hay que terminar de aprender la lección; nosotros algo hicimos mal.

Buscar en otra parte la culpa de lo que sufrimos, dividirnos por el ardor de disfrutar en democracia de nuestras diferencias, no asumir, en fin, el trabajo de la resaca al que se refería Juan Ramón Jiménez.

            Quiero suponer que en esto, incluso, nos parecemos hasta a nuestros victimarios. No por gusto, aunque a veces nos creamos diferentes, somos también latinos.

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Juan Juan 05/04/2010 05:17


Me gusta mucho este blog. Un abrazo amigo Armando.


Malaika 14/03/2010 17:37


Excelente comentario, señor Valdés. Gracias


Josan Caballero 07/03/2010 06:50


CAMPAÑA MUNDIAL “SALVEMOS A ESOS HOMBRES QUE LA PATRIA ORDENA”

LA PATRIA ORDENA
(Soneto Monorrimo con Estrambote)

SALVE CASTRO, LOS QUE VAN A VIVIR, ESPUTAN (es decir, TE ESCUPEN Y SALUDAN)…

Salvemos a esos hombres, cuya patria es la pena
que elijieron sus almas, como escudo en cadena
de ideales y espíritus, que apuran su condena,
sobre una isla cárcel, grillete por las venas

de un pueblo obnubilado, al son de las antenas,
ocultas con su angustia, como si fuera Atenas
minándose en Esparta, azorada y ajena,
aislada en su esperanza, ciudad que nos carena.

Salvemos a esos hombres, que viven hoy apenas
tapiados por ser libres guerreros que almacenan
el valor de un país, si el tirano es gangrena

milésima de un pueblo, salvado por la mena
que mana de esos hombres, y doma a manos llenas
la justicia que impone su libertad más plena.

Salvemos a esos hombres, sumidos por la arena
de un agua en dos orillas, que nos desencadena,
para que armemos juntos la patria que lo ordena.

A Ariel Sigler Amaya, Guillermo Fariñas,
Oscar Elías Biscet, y los otros hermanos
en huelga de hambre por la libertad de Cuba.
Igualmente para Reyna Luisa Tamayo Danger,
las Damas de Blanco y el resto de los presos políticos
y opositores cubanos al régimen castrista,
en donde quiera que se encuentren.

José Antonio Gutiérrez Caballero
(JOSÁN CABALLERO)
Miami, 4 de marzo del 2010.


Juana 03/03/2010 15:10


Es hora de reconocer que somos asi, siempre quejandonos por todo, como los ninos o los alumnos disciplinados del comunismo.
Gracias Armando por tu honestidad.
Me imagino te vas a buscar algunos enemigos...


Raquel 02/03/2010 00:38


te doy la razón y estoy contigo por todos los frentes, amigo, por el de Juan Ramón Jiménez que, dicho sea de paso, lo adoro desde niña; por la vieja y mala costumbre del cuban@ y perdóname por
expresar esta opinión sin yo serlo pero, estoy tan involucrada en vuestra lucha que lo percibo, casi a diario, de querellarse, enfrentarse unos a otros, sea por protagonismo sea por lo que sea y de
hecho, lo viví en mis propias carnes el sábado ante la embajada de Cuba en Madrid por lo que a mí me tocaba pero, eso es algo personal que no he de contar en tu casa. El caso es que la mayoría de
vosotros lo reconocéis y a mí esto me crea unas confusiones tremendas, intento comprenderlo pero es difícil, amigo. En fin, que sí, creo que algo se hizo mal aunque, ahora es el momento de
replantearse todo, de que la experiencia aporte el conocimiento y de que, abrazados por todos los que queremos vuestra libertad total, se actúe en serio, en unidad y siempre hasta el final, sin
tregua ni paradas en el camino...
Un abrazo Armando, me fascinó leerte!


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