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20 décembre 2009 7 20 /12 /décembre /2009 08:54
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            Cuentan que tanto Zapatero como su canciller Moratinos, en visitas a la Casa Blanca, abordaron el tema escabroso de Cuba con Obama.

            De la manera en que se divulgó la noticia, es decir, varios y dilatados días después, parece que ser que se habló de Cuba como de algo auxiliar. Al final de la cena, después del postre. Cuando se echaron de menos los puros cubanos que no se pueden fumar en USA por el embargo, y Zapatero corría a pedirles a sus hijas que se cambiaran sus vestidos de roqueras medievales.

            Hay que comprender, insulares, que el mundo está revuelto (¿cuándo no lo ha estado?, me pregunto) y no hay que exagerar dándole importancia a esa isla olvidada.

            Ahora resulta que el diario El País acaba de publicar algo que nombran El Informe Latinobarómetro: una especie de escalafón de los países latinoamericanos. Como ya es costumbre en estos sondeos, Cuba es el único país que no es país, es decir, que no aparece ni en las estadísticas del continente.

            Basta con tratar de comprar una tarjeta telefónica en Europa para llamar a Cuba y uno se da cuenta de esta excepción negativa: es más caro llamar a La Habana que a Bagdad, por lo que cuestan 200 minutos de comunicación con Buenos Aires, sólo se puede hablar 5 o 6 con la capital cubana, aguantando el aire, para rentabilizar la inversión.

            Sin embargo, lo que si tiene que ver con nosotros en este informe, es el ranking de popularidad de los presidentes de la región: los más estimados por los latinos son Lula, Michelet, Oscar Arias, Felipe Calderón y Álvaro Uribe. ¿Los peores en la puntuación de la región? Hugo Chávez con 3, 9  y Fidel Castro con 4.

            La situación del único país ausente es tan crítica que El País aclara en una breve apostilla que aún no estando en el sondeo, los latinoamericanos sitúan a la isla en el último lugar. La lucidez, me digo, aunque mayoritaria según este estudio, es sobre todo discreta: detrás de los desfiles de presidentes latinos por La Habana y de los mitos agotados de la revolución, la gente termina convenciéndome que no es tonta, y ahora reconoce lo que tenemos que aceptar: Cuba tiene el más impopular y obsoleto gobierno del Nuevo Mundo.

            Hace unos días me di cuenta de esto. No de que somos los peores, claro, sino no anduviera hablando francés todo el día y resbalando por la fastidiosa nieve que antes idealizaba y ahora comienzo a detestar. No. Me di cuenta de que la lucidez, discreta y todo, termina por vencer a la ceguera fanática.

                        La universidad de la Sorbona organizó hace unos días un coloquio internacional bajo el título de: 1959-2009: miradas sobre 50 años de vida cultural con la revolución cubana. Titulo para temer lo peor de lo mismo ¿no? Sobre todo si al mirar el programa uno veía que ningún intelectual cubano residente en Francia estaba invitado al evento como ponente.

                        Pero no. Parece ser que a pesar de algunas escaramuzas medio tontas y/o estalinistas que terminaron por adormecer al público, lo que sucedió allí dejó bien claro que ya nadie con derecho a comer postre, se come el cuento del mito revolucionario cubano.

                        Hasta tal punto que el evento se cerró con una mesa redonda donde intervinieron  Abilio Estévez –que vive en Barcelona- y Zoé Valdés, que como todos saben vive en París, y que al ser invitada a última hora salvó, con su presencia, el hecho insólito de no darle voz propia a los cubanos de Francia, hasta entonces sólo presentes para dar testimonio de su trabajo, como fue el caso de los artistas plásticos Ramón Alejandro, Yuri Moreno y Juan Luis Morales, invitados por la catedrática Marie Thérèse Hernández.

            En medio de las diferencias evidentes que existen entre Abilio y Zoé, creo que lo que sorprendió a todos ese anochecer en el Colegio de España de la Cité Universitaire, fue el sensible equilibrio en la evocación de los años de revolución vividos por ellos dos en Cuba.        El testimonio de “el miedo gris” de Abilio y la cólera dolorosa de Zoé al evocar su infancia, las intrigas del trabajo cultural en Cuba, y los progresivos pasos hacia el exilio, valen y convencen más que las intelecciones sobre lo nefasto que ha sido para la vida de cada uno de nosotros ese experimento de la Historia que nos lanzó a temblar, a delinquir, a delatar, a simular o a huir. Y a ser el peor de todos, el último en la cola de la democracia y la modernidad.

            No me sorprende, repito, que los dos socialistas reinantes en la Moncloa y Obama hablaran de nosotros de último, ni que los latinos con un mínimo de inteligencia y dignidad nos lancen tan lejos en el escalafón de los felices.

            Lo que si choca es que no se aclare bien ni se condene a los verdaderos culpables de tan penoso abandono. Que crean los más jóvenes, como ocurre con mis estudiantes de la universidad, que siempre fue así Cuba, que somos sólo un país más en la extensa tradición miserable del tercer mundo.

            Después del coloquio algunos amigos nos fuimos a cenar a un restaurante del barrio latino. Pasamos esa helada noche por delante del apartamento donde Hemingway  escribiera que “París era una fiesta”,  le echamos una hojeada al Panteón donde duerme para la eternidad Víctor Hugo, y acompañamos a Abilio Estévez hasta su hotel.

            Y les aseguro que a diferencia de los presidentes y cancilleres, hablamos de Cuba antes y después del postre.

            Como lo haré esta navidad con mi hija. Cada año Ariane viene de Angoulême, una ciudad del suroeste de Francia donde vive con su madre, a celebrar en París con su papá la navidad.

            Y cada año ella y yo tratamos de hacer una comida cubana que sea lo más verídica posible. “En la anterior cena se nos olvidó el postre”, me recuerda Ariane al llegar a casa. Y es cierto. “Este año buscaremos alguna receta en un libro o por Internet, o simplemente llamaremos a tu abuela a Santa Clara”, le prometí.

            Lo que no le prometí a Ariane es que, claro, hablaremos de Cuba. Eso ella me lo pide siempre, mientras escuchamos a Bola de Nieve, bailamos con Willy Chirino, o vigilamos que no se nos quemen demasiado los plátanos maduros fritos, es decir, antes y después del postre.

            Esas son, me digo, algunas de las compensaciones del exilio que nos permite, incluso, hasta poder ignorar a los presidentes.

           

 

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Odette Gomez 15/01/2010 11:58


Muy bueno! es una especie de ensalada mixta con nuestros ingredientes preferidos, familia, costumbres, politica. El toque de nostalgia es inevitable, siempre sale a relucir en esta complicada y
contradictoria relacion con la isla que nos vio nacer,ese "amor-resentimiento" presente en cada uno de nuestros mas simples recuerdos. Un abrazo


yosvany 06/01/2010 18:16


Saludos. Me recomendaron tu blog. Soy ingeniero y político del Vedado. Sigo aquí :-)Uso facebook ahora para organizar prioridades de lucha para nuestra juventud. Sería bárbaro si tuviéramos vuestra
contribución de intelecto, pero frío, organizado por prioridades: http://www.facebook.com/group.php?gid=185921328123


Gisela 05/01/2010 09:14


Escribí esto en tu muro de facebook, pero creo que su lugar es este, enmiendo mi error:

Tarde pero segura, leí "Cuba antes del postre", resumiendo:
- La política me harta pero tú la manejas bien.
- Cada vez corroboro con tus textos la convicción de que escribes como eres (es un elogio).
- Los cubanos somos fantásticos y la gente no se da cuenta.
- Hubiera dado cualquier cosa por cenar con ustedes en esa noche helada y hablar de Cuba.
- Me encanta tu relación con Ariane.
Un abrazo
Gisela


Jenny 25/12/2009 19:57


Tu como siempre tan locuaz y atinado, no conozco otro que de mejor nombre a los hechos, a la gente, a las cosas...
sin embargo y hablando como los locos, te prefiero sin gafas...
Sigue "regalandonos" con tus escritos. Gracias y saludos!


yvette 24/12/2009 09:49


Negro,por lo del postre haz un simple y olvidado arroz con leche y coco, fácil y criollo. Por el resto: besos y disfruta de tu hija. No hay otra tierra que esa.
yvette


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