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18 juillet 2010 7 18 /07 /juillet /2010 01:13

 

(Notas sobre las fotos de Guillermo Fariñas y de Fidel Castro)

 

El cubano Guillermo Fariñas ha abandonado su huelga de hambre. La noticia es insólita, no por lo de la huelga en sí, que todos los medios del mundo se han encargado de cubrir, sino porque ya uno estaba acostumbrándose a contar otro día, otra semana, otro mes sin que coma el cuerpo de Fariñas.

Uno, Dos, Tres…desde el 24 de febrero hasta el 8 de julio…

Un país y una cultura se conocen también por sus cuerpos, no sólo por sus espíritus. Es decir no sólo por sus ansias, sus remordimientos y las letras de sus canciones de amores desesperados.

 Es por la forma de los cuerpos al ocupar los territorios del cual se apropian,  que prefiero leer, en un primer momento, a una cultura. Por sus ritmos, sus gestos, sus olores, sus maneras de comer y sus susurros. O sus voces estridentes cuando se llama al vecino, o se baila, o se pelean las parejas.

Cuando era niño recuerdo que una de las maneras de convencer a los jóvenes cubanos del horror de la república anterior a la revolución, era mostrándonos fotos de “La Cuba de ayer” en la revista Bohemia. Se trataba de cuerpos endebles de viejos pordioseros, o de niños descalzos con vientres inflados contaminados por parásitos.

El cuerpo de la nación anterior al 1959 era, para el rebosante cuerpo mantenido por el dinero de la URSS hasta 1989, un cuerpo enfermo del cual no hubiera podido salir ningún campeón olímpico.

El cuerpo de Fariñas, flaco, hambriento, esquelético, es el cuerpo del cubano de este siglo XXI.  Es el cuerpo de 51 años de dictadura. El cuerpo de los que nadie ve. El de los de abajo. Es el cuerpo de quienes viven en Cuba de su salario, principalmente en provincia, sin recibir dólares por no tener familia en el extranjero ni a nadie en el Poder.

El cuerpo de Fariñas es el cuerpo que encarna el NO a la gramática represiva del Estado, el que no existe en las fotos del turista ni para las medallas de héroes con las que premia el régimen. El cuerpo que ahora se ve llegar, desconcertado, al exilio de Madrid, unas horas después de haber sido sacado de un calabozo.

Y he aquí que de pronto aparecen nuevas fotos y un video de Fidel Castro. Se le ve como se puede ver a  todo hombre enfermo y con más de 80 años: frágil, titubeante, apenas con fuerzas para coordinar sus gestos o permanecer parado: no se escucha muy bien la voz de ese cuerpo, no se le ve caminar ni leer, como antes, cuando su cuerpo era el cuerpo del Rey en el trono.

Uno, el cuerpo del disidente que resiste y que enflaquece hasta el extremo para no ser esclavo, y el otro, el del Dictador ahora enfermo, se asemejan, por razones distintas, en su fragilidad extrema, en sus energías agotadas.

Se parecen por sus metáforas involuntarias: uno es el cuerpo del rebelde, el otro de quien se decía rebelde y, ahora, resurge, como puede, ante las cámaras para disimular al mundo su declive: la salida de los opositores políticos de la isla o a las calles.

En el pensamiento occidental desde Platón se relacionó la política con la imagen de un cuerpo. El filósofo inglés Thomas Hobbes compara en 1651 al estado con el cuerpo de un monstruo bíblico, Leviatán, y de alguna manera inaugura la filosofía política.

Es sin dudas el francés Michel Foucault quien renueva la noción de cuerpo político al insistir en la regulación del cuerpo por parte del estado y de su aparato represivo para someter y domesticar a los ciudadanos.

Mientras más se parezca el cuerpo de un ciudadano común al de sus ministros y presidentes, más se abrevian las desigualdades, menos represivas son las estrategias de dominación de la ley. Es lo que puede ocurrir en democracias sólidas en las cuales, incluso, el modelo del cuerpo a imitar se desplaza a la moda y al deporte.

Pero en un sistema de poder absoluto existe el cuerpo del rey como modelo No existe el cuerpo propio, individual ni social: todos son cuerpos políticos.

El francés Jean Pierre Vernant en su libro Entre mito y política cuenta como un misionero al querer comprobar los conocimientos adquiridos por una tribu de “salvajes” nativos, les dice que él y los colonizadores les han aportado el espíritu.

 De inmediato un aborigen le replica lo siguiente:

-No el espíritu ya lo teníamos. Nosotros procedemos según el espíritu. Lo que ustedes nos han aportado, es el cuerpo.

Ver y comparar dos cuerpos como los de Guillermo Farinas y el de Fidel Castro puede revelarnos la forma actual de los individuos en esa isla que se llama Cuba.

El que ambos se parezcan, uno fragilizado de manera voluntaria, el otro balbuceante contra su voluntad autoritaria, es un verdadero caos para la imagen del gobierno cubano ante el mundo.

Ambos cuerpos son la denuncia más insultante de la alienación de los cubanos.

 

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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Jenny 20/07/2010 11:24


Me has sacado las lagrimas...que triste es nuestra historia, me pregunto como sera la reconstruccion de tantas ruinas y si sera posible levantarse, a pesar de tantos cuerpos...


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