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5 août 2010 4 05 /08 /août /2010 15:59

garcon

 

 

Los veranos en París suelen ser apacibles. La razón es obvia: desaparecen miles y miles de parisinos que se fueron no sé donde de vacaciones. En París es así, hay que decir de vez en cuando: Estoy cansado, necesito irme de viaje. Esto forma parte de un ritual para ser integrado a esa ciudadanía atractiva y desesperante como lo es sin dudas la ciudanía parisina.

Es cierto, en el verano llegan a París manadas de turistas. Pero cuando uno es parisino sabe como arreglárselas con esos despistados seres que manipulan mapas arrugados y extienden asombrosos dedos hacia monumentos que el parisino, por supuesto, ve a diario y de prisa.

Se les ignora a los turistas. O se les da disimulados empujones en el metro o a las entradas de museos para que pierdan ese ritmo zonzo del que está a la vez de vacaciones y perdido.

Este verano en París, además de no tener que soportar a los parisinos y de torear a los turistas, se exponen cuadros únicos del pintor noruego Edvard Much, el que todos conocen por El grito.

Y digo únicos porque la Pinacoteca de París ha nombrado “El anti-Grito” a esta exposición. Los cuadros que la integran son en su inmensa mayoría de colecciones privadas, y abarcan etapas y momentos bastantes desconocidos del pintor noruego.

Paisajes apacibles, retratos de niños, campesinos, grabados de una desoladora intensidad, escenas coloreadas de pueblos, bañistas, y claro, solitarios que se encuentran o se distancian; son algunas de las imágenes que reunidas así contrastan por la diversidad de sus tonos y por transitar a saltos e intervalos de un realismo breve al neoimpresionismo y de ahí al expresionismo. Oslo, París, Berlín, son las grandes ciudades por donde deambula Munch siempre vinculado a una bohemia casi exclusivamente literaria.

Hay una línea gruesa, oscura y discontinua que se puede considerar, en medio de las variaciones, la marca de identidad de la pintura de Munch. Y a veces resulta un estímulo para la vista buscar esta línea en cuadros donde se respira un sosiego a años luz de la desesperación de El grito.

Para muchos especialistas son los grabados lo que más sorprende de esta exposición. Es inevitable la presencia del Munch más conocido en esas figuras famélicas a veces, acompañadas por otros solitarios, o torcidas incluso en medio del placer.

Si no fuera por estas pinturas, grabados y litografías, hubiera hecho como muchos otros: asociar de manera perezosa a Munch únicamente a la desolación de El grito, con esa atmosfera aterradora que cierra el campo visual del espectador y desfigura las siluetas.

No hubiera sabido apreciar de cerca esos cuadros que él dejaba a la intemperie, como si fuera la naturaleza quien tuviera la última palabra sobre el lienzo: la lluvia, la nieve, el raro sol en sus latitudes, o el otro, el del sur de Francia.

Aunque no sean las mejores, prefiero de esta muestra las piezas más inesperadas. Donde deambula cierto placer por el contraste de colores y un equilibrio que de no ser por la línea de Munch podría confundir con cualquier otro.

Pero ese otro no sería ya Edvard.  Aquél a quien yo le escribiera un poema en mis tardes de hastío en la biblioteca de Cienfuegos.

 

EL GRITO

a Juan Ramón González

Dos hombres caminan ignorando el timbre de tu grito.

¿Qué cita adelantan a tu escándalo?

¿Quién les espera esta tarde oblicua que amenaza lluvia?

¿En cuál café comenzarán el tedio que los cubre de olvido?

 

Los pájaros pueden colgarse de tus ojos abiertos y continuar viaje

Como invitados a una fiesta invernal.

 

Tu grito no va a desviar a los vapores.

Tu grito toca un costado del aire.

Tu grito es el primero y no moja las togas.

Tu grito no corre en el espejo del suizo.

 

Yo observo desde el otro siglo de la historia.

Si pudiera advertiría a los biógrafos el amor de tu alarido.

Si descubriera dónde saltan tus ojos evitaría el abismo,

Cerraría más fuerte tus oídos contra el viento.

 

Eres una silueta agria en la baranda.

Tu calavera abierta provocará asombros del tamaño del tiempo.

Colgarán tu nombre en los estanquillos de la avenida Karl Johan

Y los amigos del Gran Hotel pedirán un minuto por tu espanto.

 

Pero en 1893 nadie en las plazas de Cristianía

Está dispuesto Edvard a subastar tu asco.

 

Cienfuegos, 1990

                                     

 

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Iris hdez de sagua! 08/08/2010 02:10


querido,que lejos me llevaste! por cienfuegos y de la mano sigueindote atonita tras tu pelo largo! oir de Jose ramon? un privilegio a neuronas que se me escapan,no importa lo que haga se me
escurren entre los dedos y delante de mis ojos,gracias por mi felicidad de hoy.me encanta leerte!


Anonyme 05/08/2010 16:28


Félicitationes, Armando !


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