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11 septembre 2011 7 11 /09 /septembre /2011 15:08

(Notas sobre el 11 de septiembre de 2001)

        baloo.jpeg          Mi hija Ariane tenía 3 años y acababa de empezar la escuela desde hacía unos días. En septiembre, en París, no se sabe si es verano porque el otoño (sin que se caigan aún las hojas) enseña ya sus grises con la llovizna y sus vientos,  y el sol comienza a desaparecer con la misma cadencia que se va el color bronceado que, a fuerza de ridículas insistencias calurosas, logramos pegarnos en las vacaciones recién terminadas.

            Recuerdo, como todo el mundo, el instante preciso en el que vi las torres incendiadas. Ariane y yo entrábamos a casa, le di algo de merendar, supongo, y ella me pidió ver su dibujo animado preferido: el de un oso simpático que buscaba miel en el bosque, bailaba con un niño semidesnudo, y nadaba por un río, indiferente y sosegado, sin tener que pensar en los problemas de este mundo.

            Rudimentario como soy para toda acción manual que no sea escribir, correr en un parque, o acariciar a una mujer; me equivoqué, como siempre, al poner el casete: puse a funcionar la televisión. Lo cual, claro, desesperaba a mi hija por el retraso del oso feliz en el bosque, y sus amigos cantando entre laboriosas abejas de las cuales el oso se burlaba.

            Y en medio del equívoco, aparecieron las imágenes de un inexplicable noticiario francés: en Francia, es decir, en Europa eran poco menos de las 3 de la tarde de un banal martes de septiembre. A esas horas las televisoras sólo trasmiten documentales de animales, o viejas series de detectives bien educados y mal vestidos, en pueblos adormecidos por el aburrimiento.

            El noticiario no es un  noticiario, me dije. Porque sólo se veía, y hablaban, de Nueva York. De más está decir que desapareció de la tarde el oso perezoso de Ariane, no sé si vio desde la inocencia de su edad, como yo, en directo: al segundo avión incrustarse contra la otra torre.      Llego a recordar que llamé, alarmado, a Véronique, la mamá de Ariane, a la oficina en la que trabajaba. Y también a mi padre en Miami. Mi padre es el responsable feliz de que yo haya huido de Cuba. Llamarle fue un gesto de confirmación de aquel espejismo inimaginable: alguien atacaba y destruía a los Estados Unidos, el país que para él, era, ya, la confirmación adelantada e ingenua del Paraíso terrestre…

            Mi padre me informó algo peor: se decía que un avión se había caído contra el Pentágono, y otro volaba hacia la Casa Blanca.

            Y de todas las confusiones de aquel día me queda un debate instantáneo en la televisión francesa, durante el cual, Alexandre Adler, uno de mis intelectuales preferidos, dijo con parsimonia y lucidez una frase lapidaria:”Ya nada será como antes. Éste es el fin de muchas cosas y el comienzo de otras. Un nuevo mundo va a organizarse, un mundo que no tendrá nada que ver con el mundo en el que nacimos y crecimos”.

            Una amiga cubana, que anda viviendo ahora por Bruselas, me llamó a unas horas de los atentados. Tampoco olvido su frase entre jocosa y alarmante: “Oye, brother, ganaron los otros, no?, Chico, ¿nos habremos equivocado, otra vez?…”

            Los hombres tenemos siempre necesidad de nombrarlo todo. Y estábamos en esos días como los conquistadores españoles ante la naturaleza americana (me imagino que para los indígenas era todavía peor, por ejemplo, darle nombre a un arcabuz): no teníamos palabras.

Como el enemigo era invisible, surgieron palabras y conceptos. Un filósofo francés, André Glucskmann, hasta llegó a titular un libro: Dostöiesvski en Manhatthan. Se dividió en dos el mundo con un eje, el del mal: de un lado nosotros los buenos de occidente, los que votamos por un presidente, vamos de vacaciones a broncearnos, miramos a osos vagos en la tele, y confiamos en que el progreso es, además de opinar, poseer y consumir. Del otro, por supuesto, los árabes. Guerra de civilizaciones, creó llamó otro sediento de fama, al asunto.

(Surgió, como siempre, una tonta teoría del complot: los atentados no habían existido, no, eran la ingeniosa invención de un imperio apetitoso de petróleo…sin comentarios).

Durante días, por supuesto, como millones de personas vi horas tras hora las mismas imágenes de espanto. Leí incluso, con detenimiento,  las anécdotas de las familias de quienes ese día, en vez de ir a trabajar, se levantaron de sus camas, para ir al infierno.

A la alegría de la caída del muro de Berlín le siguió entonces la paranoia del terrorismo. Se sabe lo que vino después, Afganistán e Iraq…unos 250 000 muertos justos e injustos, según el canal de televisión que veamos…

Y los 2000, junto a la caza a los barbudos del mal, y de atentados horripilantes como los de Londres y Madrid, de protestas airadas por la tierra deteriorada también por quienes protestan, han sido además los años de internet, de pantallas y objetos que tocamos y suenan sin receso. Objetos que, como ojos agradables e íntimos, saben todo sobre cada uno de nosotros, y nos obligan ellos, a cambiarlos para estar a la moda, casi con la misma frecuencia que cambiamos de calzoncillos.

Ah y la crisis económica del 2008, claro, que a mí al menos me consoló, porque como no poseo gran cosa material en este universo, me permitió saber que, en realidad, en el mundo sólo unas 200 personas tienen dinero, el resto no, el resto tiene créditos…o derecho a ellos, quiero decir, libertad para endeudarse.

A nivel doméstico, me digo, porque es a ese nivel que nos afecta a cada uno de nosotros, los que no somos presidentes ni aspirantes a la gloria, la búsqueda, captura y ejecución del Diablo, es decir de Ben Laden, corrió junto a la super modernidad de nuestras vidas, y a la pérdida casi completa del único reducto libre de la independencia: nuestra intimidad…

Ya sabemos que saben todo sobre nosotros. Y aunque para alivio de la mayoría y ganancia de votos de otros, Ben Laden ya no está en el mundo de los vivos que él quiso cambiar, es decir, destruir, me siguen obligando a quitarme los zapatos en los aeropuertos.

Sobre todo si se me ocurre hacer una escala en Nueva York antes de llegar a Miami, y me separan de la fila en la aduana, porque eso de tener pasaporte francés habiendo nacido en La Habana, parece una estafa…y hasta cierto punto lo es, confirmo sonriente.

De todos los cambios ocurridos y aparatos inventados en esta década que nos separa de aquel día horrible, prefiero la rapidez con la cual se pueden trasmitir  las peores noticias, las que se originan cuando no nos dejan decir lo que nos dé la gana.

Dicen los expertos esos que salen, como personas importantes que en una década próxima habremos premiado con un bostezo, que estas nuevas tecnologías mucho tienen que ver con la rebeldía de los pueblos árabes contra sus dictadores.

Los tunecinos, los egipcios, los libaneses y también los sirios, han dejado en el olvido inútil, como todos los olvidos, a los profetas de la muerte que lanzaron sus aviones contra las torres gemelas.

En todo caso yo perdí para siempre el viejo casete de El libro de la selva versión infantil de The jungle book  de Rudyard Kipling, aquel 11 de septiembre de 2001.

El estupor que entró en casa aquella tarde, se llevó con su desorden la paz selvática de Baloo, y el regreso final de Mowli a la otra jungla, es decir, a esta nuestra, al mundo supuestamente razonable y desarrollado, de los hombres.

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Edel Oliva 13/09/2011 00:02


Toda la buena filosofia ,abre las puertas precisas.
Por eso los que se empe;an en cambiarme ,no se dan cuenta que este mundo es el mismo mundo que vivimos todos y yo lo veo como quiero y lo vivo donde me paresca.Es el unico modo de sentirse libre el
individuo ,hasta que llegue la hora de la libertad eterna.
Mis muebles no los puedo llevar conmigo,pero si mi buena intencion,mi ropa no me queda muy bien ,pero no me pueden cerrar ninguna puerta por ello,,mi corazon late en todos los lugares igual,.Pero
los que atesoran en este mundo y para este breve momento son unos necios.
Alla es en la libertad eterna no voy a necesitar muebles ,ni ropa y ni mi corazon ya va a latir.Porque sencillamente nosotros estamos por aqui de visita.
Adelante hermano y sigue siendo tu.


Mirta 12/09/2011 10:20


nos cambio la vida a todos.. inclusive a ellos..


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