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9 juillet 2011 6 09 /07 /juillet /2011 13:19

Un-sapo-con-botas.jpgMuchas veces cuando voy a un estadio, veo a atletas cubanos.

Es una sensación paradójica esa, la de saltar por un acto involuntario de la memoria, cuando distingo en la multitud, por ejemplo, la bandera de Cuba o escucho fragmentos de su himno, y la de preguntarme (no sé por qué) cosas como: ¿quién es esa muchacha?, ¿cómo se entrena?, ¿de qué parte de la isla vendrá?.

¿Qué será de ella o de él dentro de un tiempo más largo, mucho más largo que éste de sus posibles medallas y premios?

Si estoy con mi hija hago (más bien repito hasta su fatiga) ese gesto tonto del emigrante que sospecha que su descendencia nacida en tierra ajena, no asumirá, como él, su identidad.

Le muestro la bandera a mi hija comprensiva, aplaudimos si gana, quizás hasta le invento que lo conozco o que una vez nos tomamos un café, ese campeón cubano y yo, en alguna terraza inexistente del mundo.

Me digo entonces que algo no se ha roto del todo con el destierro o, más fuerte por auténtico, que algo no ha querido romperse con las horas de océano que me separan de aquel lugar que hace 15 años no visito.

Es cierto que alguna vez he hablado, fuera de Cuba, con algún que otro atleta cubano, pero han sido pequeñas frases, saludos breves y timoratos. Ellos cautelosos ante el apátrida, yo reservado ante sus posibles temores por la cercanía de un extraño torpe al que no verán nunca más a su regreso.

Una vez tuve una estudiante campeona juvenil de Francia en yudo. Cuando supo que yo era cubano (lo cual en Francia es una denuncia eterna de agradable exotismo) me comentó la voluntad estoica de las judocas de Cuba que había visto combatir: “son gladiadoras, no atletas”, concluyó.

Anoche he visto a algunos cubanos, de nombres para mí impronunciables, competir en el estadio más grande de París. Y como siempre, no compiten, parecen que van a morir de tanto esfuerzo.

En los 800 metros a una tal Yuneysi Santiusti la tumban por el suelo, se da un golpe en el hombro, se levanta y logra atrapar el pelotón hasta el final.

En triple salto a falta de una aparecen dos cubanas. Una de ellas, Targelis Savigne, campeona del mundo, lleva unas medias altas de rayas como si fuera un personaje de tira cómica, y salta tanto que logra la mejor marca de todas las saltadoras este año en el mundo.

            Los muchachos saltadores de triple son tan buenos (aparecen siempre 3 en todas partes) que los presentan en grupo como « la escuela cubana de triple salto ». Tal es así que el francés Thango, recordista del mundo, ha contratado a Iván Pedroso, campeón de los Juegos de Sídney en el 2000 y quedadito en España, para que sea su entrenador.

Ah, y en los 110 metros con vallas, esta noche Dayron Robles, recordista del mundo y campeón olímpico, sin la camiseta del Ché Guevara que casi le provoca una sanción de la federación internacional, ha vuelto a ganar.

No ganó la carrera Dayron, no, casi se muere de tanto inclinar la cabeza sobre la meta para dejar en el segundo lugar al norteamericano Oliver, mucho mejor que él esta temporada.

Simulo con mi hija que me alegran estos triunfos con un sabor amargo. Sé que se deben a un esmero intencional que va dirigido sólo a quienes pueden ser campeones. Que en algún lugar de Cuba su familia recibe tarde la noticia con el consuelo, también, de poder al regreso del campeón, tener algunas cosas de comer y objetos modernos de más en casa.

Sospecho que cada vez hay menos dinero para estos gladiadores que  a veces, lejos del heroísmo, venden la ropa de marca que les da el gobierno. Se casan, como Pedroso, con una extranjera y disimulan un estatuto cómodo que no les rompa esa distancia de agua que veo cuando mi hijo Joaquim me muestra con su dedo sobre un mapa, el recorrido del océano  que une a Francia y a esa isla donde, para su extrañeza, nació su padre.

Estos gladiadores pagan con un esfuerzo, a veces incomprensible, de sus mejores años, el privilegio de viajar por el mundo. Y no llegan del todo a asegurar la aprobación de mi aplauso, quizás porque son cada vez menos los que ganan. A lo mejor porque supongo verlos olvidados y pobres en el tiempo futuro de sus retiros.

O simplemente porque aunque corren y saltan ahora en estos lujosos estadios que mi libertad disfruta, me recuerdan con sus gestos en las pizarras lumínicas, que nuestras infancias, ahora distantes y desconocidas, crecieron en las mismas playas.

Y eso de alguna manera nos pertenece sólo a ellos y a mí, y  me hace diferente de estos entusiastas que aplauden con delirio unos minutos, y toman fotos para probar que una vez estuvieron en el circo, cerca de estos gladiadores tropicales que conquistan el mundo.

(Illust: Un sapo con botas, Jenny Alfonso Relova, 2001)

 

 

 


 

 

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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Ana 12/07/2011 18:57


Estos gladiadores comerán en breve arena... No es que hayan dejado de ser un producto político, pero la reducción ha llegado a ellos y lo mejor que pueden hacer, si logran iluminar el cerebro, es
escapar antes que su corta vida de deportista se agote.


edel oliva davila 12/07/2011 03:39


Hay gladiadores que corrian y no se fatigaban.Y pocos saben que aquellos que corrian tras un gigante_ del cual aspiraban su aliento de bondad y amor_al cual le arrancaban con ello; esa energia
inagotable que les dono para toda la vida y les enseño que de la patria no hay que enseñorearse sino con mucha humildad y que la patria siempre la llevamos en ese aliento que nos entrego.Ten a los
gladiadores por humildes ,para que puedas sentir el mismo placer : Masoquista?,que tuvimos la dicha de sentir esos hermosos e inolvidables años de la hombrada y del honor por la patria.Dejad que
corran ,dejad que salten,dejad que vivan su momento digno,a pesar de sus extremos,que no todos llevan el aliento que Nos llevamos,pero van como gigantes haciendo por la patria.Aunque la gloria la
politicen otros.Esos humildes de la playa siguen aferrados a la tabla que recala en sus costas. Y de eso viven como honra humilde de sus vidas.Noble es competir:por el amor a nuestra patria ,por la
gloria del deporte.


Jenny 09/07/2011 16:06


Siempre tus escritos me dejan un sabor amargo en la garganta, y trago en seco, no se porque, si por que el tiempo ha pasado y ya esos recuerdos son agua pasada, o por la triste realidad...en todo
caso creo que con esa habilidad que te es familiar, eres capaz de poner en papel lo que tenemos todos ,los apatridas que somos, en la cabeza. Gracias por compartirlo con nosotros.


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