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4 mai 2013 6 04 /05 /mai /2013 21:16

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El verdadero autor de la célebre Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es Hernán Cortés y no Bernal Díaz del Castillo. Ésta es la tesis del historiador y antropólogo francés Christian Duverger expuesta en su libro Cortés et son double (Crónica de la eternidad en la traducción al español que publica en México la editorial Taurus).

La tesis, por supuesto, ha sorprendido y escandalizado a medio mundo. Quiero decir a los dos mundos: al viejo (Europa, más bien España, porque a los franceses les encanta este tipo de debate) y al nuevo (América Latina, bueno, más bien México, lo cual puede entenderse). Y no es para menos: de un soplido Duverger hace borrón e Historia nueva de la autoría de una de las escrituras clásicas del castellano, de la historia colonial e, incluso, de la literatura hispánica. El Otro deja de identificarse con ese “hijo de la chingada” que, en opinión de Octavio Paz, configura lo ajeno en la psicología social de los mexicanos.

 Tanto por el tema como por su composición y su lenguaje,  puedo afirmar que Cortés et son double es un libro exquisito. Me ha permitido además (digámoslo con honestidad: me ha obligado a) leer de otra manera la Historia verdadera, y a familiarizarme con cronistas, hechos  y personajes de la época de la conquista.

Hace unos años en una librería de Barcelona me enteré que el Lazarillo de Tormes ni era anónimo ni se le atribuía sólo a Diego Hurtado de Mendoza. Según una tesis de Rosa Navarro Guzmán, el autor del Lazarillo es Alfonso de Valdés, erasmista y secretario de cartas latinas de Carlos V. Cito este ejemplo porque, como escribe Roger Chartier en una reseña publicada en Le Monde, no se trata, en el caso de Duverger, de restituir un libro a un autor desposeído, o encontrar al escritor de un texto anónimo, sino de atribuir la Historia verdadera a alguien ya famoso.

Bernal Díaz del Castillo existió, pero no pudo, ni por su incultura ni por su imposible presencia en todas las epopeyas de Cortés, haber escrito ese libro clásico, nos explica Duverger. Cortés et son double se estructura alrededor de temas: la figura de Bernal Díaz del Castillo, los manuscritos de la Historia verdadera, y no sólo la personalidad de Cortés, sino también su relación conflictiva con el rey Carlos V de España, quien prohíbe en vida de Cortés la difusión de sus Cartas y ordena quemarlas en plazas públicas en 1527. “Más me cuesta defenderme del fiscal de vuestra Majestad que ganar las tierras de mis enemigos”, le escribe Cortés a Carlos V, quien, por cierto, nunca habló castellano en España, sino francés…

Sorprende de manera agradable el estilo elegido por Duverger: un simulacro de novela policíaca que muestra pruebas al lector hasta proponerle descubrir al culpable, quiero decir, al auténtico creador de esa escritura fundacional.  

Eso sí, se trata de una novela policíaca histórica y auténtica. Quien escribe sobre el estatuto de un libro clásico es en realidad un investigador, un académico, y no un crítico literario ni un periodista. Esto a la vez desarticula ciertos gestos coléricos de los fustigadores del libro, y fundamenta el rigor de los diez años de investigación que antecedieron la tesis que se expone.

Celoso de conservar un ritmo creciente en la narración, Duverger consagra, repito, la primera parte de su relato crítico a la figura de Bernal Díaz para demostrar lo que él denomina dos imposibilidades en el cronista. La imposibilidad de tener la suficiente cultura para manejar las citas y referencias literarias del texto (sólo 12 de los 540 soldados de Cortés sabían leer y escribir y el nombre de Díaz ni siquiera aparece en los archivos de los expedicionarios,) y la imposibilidad de recordar medio siglo después acontecimientos contados por un hombre de 84 años.

En su prólogo a la edición de 2005 del Colegio de México, el especialista José Antonio Barbón Rodríguez resalta estas incoherencias que aparecen asociadas: Bernal mintió sobre su presencia en la expedición de Juan de Grijalva lo que supone desconfiar también de otros aspectos de su personalidad como, escribe, los alardes de conocimientos de un simple soldado. Esta lúcida prueba de suspicacia de Barbón, podría acrecentarse con la tesis de Duverger que, de aceptarse, agregaría más méritos a la composición apócrifa de Cortés.

Además de la pereza intelectual que representa no indagar a fondo las incongruencias en torno a la persona de Bernal, es más agradable aceptar que un simple soldado trasciende como testigo ocular de una epopeya ilustrada sin los atributos de la jerarquía. Este gesto, además, hace recaer en los otros (en Cortés), el papel nefasto de lo que muchos consideran un genocidio.

En opinión de Duverger, entre 1543 y 1546, Cortés, impedido por la corona de escribir y publicar, dicta por el día al eclesiástico López de Gómara sus memorias, y por las noches y a escondidas concibe el relato anónimo de un soldado testigo imposible de todas sus hazañas, es decir, la Historia Verdadera. El estilo de sus famosas Cartas de relación a Carlos V, los dos años de formación pasados en la Universidad de Salamanca, y las reuniones de un cenáculo literario para notables de la ciudad de Valladolid que Cortés animara al final de su vida, justifican la erudición de la prosa del libro.

La parte menos convincente de Cortés et son double es sin dudas la que especula sobre la súbita aparición del manuscrito de Valladolid en Guatemala donde aún se conserva. (Un manuscrito –todos lo admiten–  abarrotado de inquietantes borrones y adiciones). Duverger lo explica como una historia entre hijos: los tres hijos de Cortés desembarcan en México para recuperar las posesiones de su difunto padre y llevan con ellos el manuscrito. Ante el fracaso de sus proyectos, trasladan el texto a Guatemala y va a dar a manos de Bernal Díaz, el último sobreviviente de una parte de la remota epopeya. Un hijo de Bernal adapta el texto para dar la autoría a su padre y hacer valer así sus méritos para conservar como herencia su encomienda.

Sin embargo se necesitan sólidos argumentos para contradecir las conclusiones a las que llega el análisis genético de Duverger. No son sospechosas sólo las añadiduras y tachaduras del texto original, sino también sus anacronismos y contradicciones: la más convincente, la de un pasaje del libro de Gómara que nunca se publicaría en la edición definitiva. Sólo Cortés, secreto conocedor de los dos textos, habría podido conocer este pasaje del original dictado en Valladolid a su amanuense y condenado por la Inquisición en 1552.

Duverger sabe que le falta una pieza para completar su teoría: la rehabilitación de la figura de Cortés. No basta con destituir al falso soldado para poner sus nuevas cartas en la mesa de la Historia del continente, hay que demostrar que el culto escribidor es también un humanista intelectual del Renacimiento.

La fascinación de Cortés por los aztecas, dice el antropólogo francés, lo llevó a concebir un mestizaje para proteger la cultura mexicana del proyecto de exterminio y evangelización de la conquista. Esta hipótesis desarticula muchos lugares comunes repetidos maliciosamente por los historiadores, y viene a confirmar una idea de Octavio Paz expuesta en su ensayo El laberinto de la soledad: “La tradición española que heredamos los hispanoamericanos es la que en España ha sido vista con desconfianza o desdén”.

 

 


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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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OmniTech Support 17/10/2014 14:38

I read the book and it is evident that the author has done a detailed study about Herman Cortes. The book has well covered about the books written by Herman and the inspiration he had on doing those works.

Lourdes 06/05/2013 19:20

Muy polémico porque la cosa no le gusta ni a los mexicanos ni a los gallegos, se les joden todas las teorias, ja, ja,ja

Héctor 05/05/2013 10:14

El historiador canario Mario Hernández Sánchez-Barba dice en un reciente artículo publicado en La Razón que este libro "sólo aporta presunciones, supuestos y preguntas con respuesta implícita.".
Probablemente sea duro en su análisis, pero por la entrevista y los argumentos que expone, sí es verdad que el libro parece altamente especulativo. Como Historiador (ya fuera de práctica, la
verdad) prefiero mantener cierta distancia teórica con esta nueva idea. Se parece demasiado a las que exponía Thor Heryerdal sobre el poblamiento de América, que si bien no son del todo irreales y
sus viajes no prueban más que "pudo haber pasado", aún están por verificar. Lo que sí es genial que se lancen este tipo de polémicas e ideas que pueden parecer absurdas, porque de ellas puede salir
una gran verdad. La hipótesis está lanzada, falta una confirmación más directa y menos especulativa. A ver si me hago con el libro y tengo más argumentos.

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