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21 octobre 2012 7 21 /10 /octobre /2012 19:04

          Internet-Censura.jpg           Se llama Luis, es ingeniero informático, y deja de mirar el monótono paisaje de las 8 vías, en la guagua refrigerada china que nos lleva de La Habana a Santa Clara, para verme teclear en mi miniordenador.

            Le respondo que vivo en Francia y que estaré seis semanas en una isla que de tanta ausencia ya casi no reconozco, cuando me pregunta de dónde vengo. Le comento (con una mezcla de sinceridad y de desafío) que veo las cosas un poco mejor que cuando me fui, por allá por el período especial: se puede comer cualquier cosa en la calle, comprar y vender las casas, ejercer oficios por cuenta propia, etcétera…) “Lo que no entiendo bien es la manera de funcionar ahora de la gente, lo que piensan de sus vidas aquí”.

  Justifico así que la curiosidad pasé de mi lado para ser yo quien haga preguntas. Pero es inteligente el muchacho, y reímos juntos cuando me propone que está bien, pero que después él necesita conocer algunas cosas sobre el mundo.

           (Durante todo mi viaje a Cuba veo con frecuencia esa inconsciente confrontación: nosotros y el mundo, aquí y el resto, me dicen con frecuencia mis compatriotas insulares…)

            Rememoro entonces un pasaje de 1984 de George Orwel, pero al revés. En esa novela Winston Smith, el protagonista, le pregunta con insistencia a un anciano cómo era la vida en una época anterior a la revolución, si es cierto que antes se vivía mucho peor que en el presente “glorioso” del régimen del “Gran Hermano”. El viejo divaga y no responde con precisión (por precaución) a la pregunta.

            Para mis compatriotas esta indagación está invertida. El mundo es el futuro, y es de eso de lo que quieren saber, como si fuera una certeza resignada que ellos viven en el pasado. Y heme de pronto aquí, yo, que pretendo con este viaje arreglar mis cuentas sentimentales, familiares y hasta psicológicas con mi pasado, siendo la encarnación de un mundo y de un porvenir que ellos (por rebelión y desconocimiento), añoran.

            Me cuenta Luis que está casado con una doctora y que puede viajar en esa guagua  porque su empresa le paga los 18 cuc del pasaje. Me detalla lo que hace, Luis: programas para una corporación que se extiende por toda la isla: no está mal, me asegura, si todo funciona bien me premian con 30 cuc de estímulo al final del mes. Eso aquí es una excepción, me aclara. Algo insólito sí, reconozco, como toda excepción en un lugar de excepciones.

            No quiero que la conversación tome por el camino de temas de sobrevida (desde que llegué cada interlocutor me repite decenas de veces el precio de la carne de puerco y los valores del cambio de la moneda local) y teniendo en cuenta que se trata de un informático le pregunto si lee el blog de Yoani Sánchez.

           La provocación funciona, porque la cabeza y las miradas de Luis giran en todas direcciones, su cuerpo se mueve en el asiento, se persuade de que nadie nos escucha por lo bajo del tono de su voz, antes de comentarme en un susurro: “Eso aquí es candela, no se puede mencionar”. Después del susto me cita también páginas y blogs que deben evitarse: el más curioso para mí, el sitio de compra y ventas revolico.com. “Si la gente lo consulta no va a comprarle nada al estado”, me aclara.

            Y es poco antes de llegar a Santa Clara que Luis me habla de lo que George Orwel, de estar como yo sentado en esta guagua Yutong  llamaría La policía del pensamiento informático. Un amigo de su aula en la universidad se ocupa de leer y suprimir los mails indeseados y de registrar los sitios consultados por los empleados de su empresa.

            Le dejo mi tarjeta a Luis, antes de separarnos, para que me escriba de vez en cuando, y después me doy cuenta de lo absurdo que puede resultarle mi gesto.

            Mi alegría turística por no estar conectado al mundo (como viajero que huye hacia el descanso) se vuelve una preocupación cuando veo las noticias de la televisión cubana. Pregunto en el vecindario quién tiene internet, y con suerte alguien me confirma que puedo, al menos, enviar mensajes desde su casa. Sólo mensajes, nada de poder leer otras páginas, aclara.

Pero la respuesta a mi correo a Francia ha desaparecido: la esposa del vecino elimina el mensaje para ella sospechoso que apareció en francés en su bandeja. Aprendo entonces que hay casos así, en que un amigo de Luis deja pasar el mensaje, pero la censura reaparece, por precavido temor, de manos de un destinatario inadvertido.

Las 24 horas diarias de transmisión de la olimpiada de Londres, y las versiones oficiales sobre la guerra en Siria, desesperan mis programados días sin servicios tecnológicos. Me rindo y me voy a pagar unos cinco euros (es decir 6 cuc) a un centro telefónico de Santa Clara.

No me toma por sorpresa que la comunicación en el ordenador público sea lenta hasta la desesperación, sino que la persona que me vende la tarjeta con el código de acceso confidencial, me pida el pasaporte para copiar junto a mi nombre el número de la tarjeta: del tiro cambio la contraseña de mi dirección personal y me limito a leer El país y no los blogs de cubanos opositores como hago de costumbre.

Sin embargo, se comunican con ese “mundo” deseado los cubanos. Sobre todo los más jóvenes. Uno me cuenta que entra casi disfrazado a la empresa de un amigo y puede leer hasta los blogs de los disidentes. Supongo que ese amigo es, por ejemplo, alguien que como el amigo de Luis al mismo tiempo que vigila viola para él y los suyos, los controles. Otros pagan 10 dólares al mes para que alguien les instale un canal de Miami. Orgullos y furtivos me muestran las descoloridas imágenes en sus televisores Panda de un show kitsch o de una cursi telenovela.

Cuando le comento a un estomatólogo que me alquila una habitación en su casa en Cienfuegos, que la falta de internet y de wi-fi es lo que más me afecta durante mi viaje, me espeta de un golpe una frase que me hace avergonzarme de mi majadería: “Porque usted con sus euros de turista tiene garantizado todo lo demás aquí puede darse el lujo de esa queja”.

Termino rindiéndome y me voy a un hotel. Los noticieros de la televisión francesa que logro captar en la habitación casi me provocan una indigestión de horas de insomnios. Se pueden ver otros canales extranjeros. Pero a condición de ser políglota: ninguno aparece en las pantallas en español, hay que comprender el inglés, el alemán, el francés o el chino…

Bajo al lobby para desayunar con la certeza contrariada de que los rebeldes sirios no han logrado derrocar a la dictadura de Bashar al-Assad. Una pareja que no encuentra sillas libres se sienta cerca de mí y la conversación es inevitable.

Una vez más hablan de deporte. Me preguntan qué impresión han provocado en Francia las medallas olímpicas cubanas, que si los franceses juegan bien beisbol, y en el colmo de mi paciencia me exigen una explicación sobre la manera en que Víctor Mesa llevó al triunfo al equipo de pelota nacional en Holanda.

Me levanto y me largo. Mientras camino por el borde de una piscina me siento como un Winston Smith de vacaciones en Angsoc, y me repito el tercero de los tres eslóganes que regía la disciplina de ese régimen: “La ignorancia es la fuerza”.

En la calle unos niños pateando un balón enfangado me explican, después de mirarme como a un extraterrestre, que ya nadie juega beisbol aquí, lo nuestro ahora es el fútbol, yuma.

Ilust: http://resistir.info/varios/censura_internet

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Animula 22/10/2012 16:30

Al terminar de leerlo me parecía que más que una lectura se trataba de fotos, me parecía estar viendo cada párrafo como si fueran fotogramas, fotogramas de la isla.
Armando, tu artículo es fotográfico.....La ignorancia es la fuerza....GENIAL

Juan Carlos 22/10/2012 14:33

Muy buena crónica amigo, me leí además la del aniv de Virgilio y también me pareció excelente, un abrazo.

Brisy 21/10/2012 22:14

Le quedo Divino ,Me fui por un instante y por un segundo vi la cara de la muchacha cuando compramos el tike par internet fue tres veces ,ya que la nina escribi a su papa en tres dias ,le contaba
casi todo ,aquello duro en tiempo, lo que dura un chupa chupa en la puerta de un colegio .Cuba es el pais mas caro del Mundo ,sin contar que' todo gira redondo y de lo otro sabemos que las ansias
de saber siempre mas y mas ,puede ser positivo ,por otro lado ,alli solo se ven los problemas del cotidiano ,no mas ,lo demas ,es como decirte,Nosotros aqui estamos Locos ,lol !

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