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31 octobre 2010 7 31 /10 /octobre /2010 13:58

Milene

 

(Un cuento de Ariane VALDES-PICAULT)

 

    Estaba detrás de la puerta esperando que alguien me abriera.


   Nadie. Miraba mi reloj con desesperación. Era más de la 1 y 30 y no pasaba nada. Tomé entonces mi  bolso y volví a caminar por la callejuela Montreuil. Yo miraba las ventanas en las que estaba suspendida la ropa por un cordel.


    Una media se cayó bruscamente. La recogí. Subí por la calle tranquila donde vivía mi abuela en una época. Hacía mucho tiempo que no pasaba por allí. Fue entonces cuando miré la pequeña puerta azul a la que tenía la costumbre de acercarme para apoyar mi mano en su empuñadura.

 

   Cuando yo entraba en casa de mi abuela, había siempre un olor a quemado. Siempre que le preguntaba de donde venía ese olor ella me respondía: “Cuando tú sientes ese olor, es que estás enamorada”.


    Nunca comprendí lo que quería decir esta frase y estoy seguro que no la comprenderé jamás.

Me acerqué entonces a la puerta de la cual salían tantos recuerdos y vi en el interfono el nombre y el apellido de mi abuela: Sra. LARSES Sophie.


   Y leí con tristeza lo que estaba escrito al lado: “Fallecida”.


   Decidí en ese momento dejar atrás esta calle.


   Fue entonces cuando me encontré ante la vieja librería del Señor Cootz. Este señor siempre fue para mí muy misterioso y extraño. Sólo había estado allí una vez. Me daba un poco de miedo, encerrado entre sus libros viejos y raros. Pensé en ese momento que quizás tampoco más volvería otra vez a ese lugar.


 Perdida estaba con estos pensamientos hasta el punto de no darme cuenta que el hombrecito verde del semáforo había cambiado por el rojo. Cuando me di cuenta ya era demasiado tarde y estaba en el medio de la calle.


  Vi de pronto un carro rojo con la chapa un poco abollada, pero no tuve el tiempo de ver más porque a medida que se acercaba me sentía fijada y, como si estuviera congelada, no podía moverme.


   De pronto mi cuerpo se destrabó y al fin pude caminar, o más bien correr antes que el extraño carro me aplastara.


  Toda la gente me miraba. Estaba un poco molesta y sin saber qué decir, no me daba cuenta siquiera por qué me había detenido.


Pensé quizás demasiado, no sé.


   Entré rápido en mi pequeño apartamento de 20 metros cuadrados y me senté en un cojín rosado.


  Del armario saqué la comida para Twingo, mi perro de 7 años. Salió entonces de su cesta azul que mi madre me había regalado cuando yo tenía 20 años, y ladró con insistencia cuando vio la comida.

Goloso, sentía el olor de las apetitosas croquetas y avanzaba hacia el plato, vacío. Saltaba contento delante del plato ahora, lleno.

 

   Caminé hasta el final del corredor y vi entonces a mi gato, tranquilamente acostado en su cama, mirando su plato vacío. Hizo al verme un aullido de queja. No pude resistirme a ese aullido tan tierno. Lo llevé a la cocina donde Twingo estaba sentado en su cesta azul. Y me di cuenta que su plato ya estaba vacío. Esto no me sorprendió si tenemos en cuenta lo goloso que él es.


   Yo miré mi reloj que marcaba la hora: 19h 33.


   Me dije entonces que debía ir a hacer las compras para esa noche porque no tenía nada más de comer y tenía un hambre canina.


   Acaricié a mi gato y fui a la cocina a ver a Twingo. Como vio que me iba vino corriendo hacia mí tratando a su vez de salir. En la forma con que lo miré él comprendió que no tenía NINGUN chance.


  Cerré la puerta detrás de mí y bajé por el elevador que era nuevo. Ni siquiera una vez lo había tomado. Por lo que entré a un extraño y nuevo elevador. Toqué el botón 0 y enseguida se cerraron las puertas. Los pisos se sucedían cada vez más abajo.


    Llegó un momento en que el elevador se paró y no vi nada cuando miré por la ventanilla de cristal. Al darme cuenta que estaba trabada entre dos pisos sonó mi teléfono móvil. Traté de sacarlo sin éxito del bolsillo.


    Cuando al fin pude abrirlo me acordé de mi terrible preocupación: ¡el elevador!


     Apoyé sobre el botón de la alarma y al mismo tiempo me encontré en otro mundo.


     Esta sensación de libertad me encantaba.


      La naturaleza estaba ante mí. Sin preocuparme por nada exploré ese mundo raro…


     Entre la espesura y un lago percibí mi sombra. Una sombra de animal, pero no lograba distinguir su especie. Me acercaba entonces a ese animal, creyendo que él podía huir, avanzaba pasito a pasito. El animal era en realidad un ciervo. Pero un ciervo mucho más grande que un ciervo normal. De pronto él me dirige la palabra: “Hola pequeña, soy yo”.


   Enceguecido por la belleza del ciervo, ella lo siguió.

 

  Y durante años ella fue criada por el ciervo y su mujer. Ella había olvidado a casi toda su familia excepto a UNA persona: su abuela. En realidad su abuela había sido muy importante para ella. Ella no la olvidó nunca, ustedes comprenderán por qué.


   Un día un ciervo le pregunta: “¿Deseas algo en tu vida?” “Sí, respondió ella, pero es imposible”. El ciervo rió y le dijo: “Aquí, todo es posible”. Ella le replicó: “Bueno, digamos que tengo deseos de ver a mi abuela”.”Sígueme”, dijo él.


   Sorprendida, ella lo siguió. El ciervo se detuvo entonces delante de una cierva anciana y dijo: “He aquí a tu abuela, y por favor, no hagas preguntas”. Ella creyó al principio que se trataba de una broma, pero,  miró bien el rostro de la cierva, y reconoció las facciones finas de su abuela.


   “ABUELA”, gritó ella. ¡Eres tú! ¡Al fin te encontré ! ¡Cuéntame cómo llegaste hasta aquí y cómo te convertiste en una cierva, todo el mundo creía que estabas muerta !


    “Voy a contarte todo. Yo quería visitarte, y como soy mayor y estoy cansada, tomé tu nuevo elevador. Esperaba y esperaba cuando me di cuenta que estaba bloqueada entre dos pisos. Toqué entonces el botón de la alarma, pero no ocurrió nada. Y después de algunos minutos de estrés, se abrieron las puertas. Y yo vi este bosque magnífico así como el lago… Salí rápido y fui a buscar a alguien”.


    “Entonces que vi al ciervo. Él me recibió, y con el tiempo me convertí en una cierva. Pero lo que más me sorprende es que tus vecinos no estén aquí, porque por lógica, toda la gente que cogió el elevador debería estar trabada ¡¡¡y encontrarse aquí!!!”


      El ciervo intervino y dijo: “Este mundo está destinado a ustedes dos. Los vecinos no son elegidos para entrar en este mundo, porque ellos no sienten tanto amor hacia otra persona como ustedes dos lo sienten una por la otra”.


    Yo tomé del “brazo” a mi abuela y me transformé en una joven cierva.

    Y fue así como mi gran deseo se hizo realidad. Mi abuela y yo estábamos unidas para siempre.


FIN

(Tradución: Armando Valdés-Zamora)

(Ilust: Milene Busutil)

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Pedro 16/11/2010 20:44


Atractivo cuento, gracias a esa muda del nivel de realidad o cambio de narrador de primera a tercera persona. Al menos eso creo. Quedé atrapado entre el ciervo, la narradora, y la autora.


Luis 06/11/2010 12:45


Sigue Ariane que tienes mucho talento. Esperamos otros cuentos.


pedroassef@yahoo.com 02/11/2010 02:19


Armando, me ha dejado sorprendido tu hija! Como es capaz de mantener la ilacion de la narracion y resolver felizmente los motivos dificiles. Dicen que los hijos del tigre traen rayitas, y aqui se
muestra la herencia! Felicitame a Ariane, dale un beso en mi nombre, porque yo soy un tio lejano; pero ando con todas tus leyendas en mi corazon! Un abrazo grande.


Jenny 01/11/2010 13:55


Que lindooooooooooooooooooooo!!!!
bravo Ariane, sigue asi de creativa y de sensible que llegaras lejos.
un abrazo


Lourdes 31/10/2010 14:22


Bravo Ariane, tienes mucho talento. Vas a spbrepasara atu papa, ja, ja,ja


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