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7 septembre 2010 2 07 /09 /septembre /2010 22:47

Asbel(2)(Entrevista del escritor Armando de Armas para Marti Noticias)


 

 

Armando de Armas. ¿Por qué Imaginarias de un velero sugerido?

Armando Valdés-Zamora. Este poemario de exilio está formado por imaginaciones que se leen a través de la evocación, o de la historia de un sueño cumplido, es decir de cosas imposibles y de cosas logradas. A ese tipo de texto lo llamo así, imaginarias.

Hay un eje invisible que divide en mi libro las visiones que se cuentan o describen: lo posible y lo imposible. Pero a todas estas visiones fueron primero aspiraciones o espantos, es decir, fabulaciones. 

Vivir un exilio (interno o externo, dentro de la isla o en el exterior) es querer estar a-isla-do, no ser visto, escapar, es decir, suponer una realidad otra a la que rodea a este sujeto errado, a este disidente fugitivo que en este caso escribe los poemas y que viene siendo, quizás, yo mismo.

Lo del velero parte de un grabado alquímico del siglo XVII del alemán Lambriski. En ese grabado (que se reproduce al final del libro) aparecen dos peces que se cruzan bajo el agua y en lontananza un velero que parece partir. Un verso en latín encabeza este grabado:

La Mar es el Cuerpo, ¿hay dos peces?

El Espíritu y el Alma

Como se puede ver, se ignora la mención del velero que considero, entonces, sugerido por el alquimista, insinuado para que cada cual le dé el significado que desea.

La alquimia como arte del imposible absoluto, aparece con sus símbolos y sus referencias en muchos poemas del libro.

Todos mis libros parten de una imagen visual, de la recreación de una imagen. Un cuadro o una visión como punto de partida de la imaginación. La visión (y la mirada como acto corporal) es, a mi juicio, el primer órgano sensorial de un insular y, por ende, del cuerpo cubano.

Las portadas de mis libros son también homenajes a mis amigos pintores. Libertad del silencio está ilustrado por Milene Busutil, la portada de mi novela Las vacaciones de Hegel es un cuadro de la pintora cienfueguera Gina Pellón, la de Imaginarias de un velero sugerido es de Jenny Alfonso Relova que vive y trabaja en la ribera francesa, no lejos de Niza.

AdA. ¿Hay ya desde su título mismo una apuesta literaria, doblemente recalcada, por la palabra imaginarias y por la palabra sugerido, a favor de un alejamiento del realismo estallante?

AVZ. Sí, como lo acabo de decir, el realismo me molesta por absurdo. ¿Qué cosa más absurda que tratar de (re) producir la realidad y llamarlo "literatura"? Para eso existe la escritura periodística o el testimonio, la crónica y hasta la escritura íntima de los diarios. En la época en que la literatura fue realista y clásica, es decir, el siglo XIX, la literatura jugó un papel que en el siglo XXI cumplen otros géneros o subgéneros. Ni siquiera la foto actual puede ser realista y a la vez artística porque las artes visuales son dependientes de las maneras en que se manejen las nuevas tecnologías.

El espejo de Stendhal hace rato lo rompió otra Alicia en otro país, no de las maravillas sino de las enajenaciones, otro Dorian Gray que duda de la validez de su narcisismo, o por la multiplicidad de su imagen ahora a través de una pantalla o por la incertidumbre que le provoca no poder detener la velocidad de los cambios ni conocer su lugar en la sociedad, en su espacio vital y en su tiempo humano, mañana.

AdA. ¿Qué nivel simbólico confiere al velero, al barco, a la nave en su poemario?

AVZ. Dos significaciones se contraponen y se complementen en mi libro: en la primera página hay un fragmento de Paradiso donde Lezama describe la furtiva presencia y posterior partida de un velero del puerto de La Habana, y en la última se reproduce el grabado de Lambriski al que ya me he referido.

El velero sugiere ser el exilado. El alquimista lo olvida para que el lector al mirar le otorgue un significado. El velero puede ser, simplemente, el balsero que huye.

 

La cita de Paradiso es, evidentemente, un homenaje a Lezama, el mayor exilado insular de nuestra imaginación, en sus 100 años de nacimiento.


AdA. ¿Qué nivel simbólico confiere al mar?

AVZ. El mar es la división visual entre lo visible y lo invisible más allá de la frontera de una isla, es decir, entre lo que se posee y lo que se imagina por no poder verse, por no tenerse. José Martí lo odiaba, prefería al arroyo, a la tierra, Reinaldo Arenas lo veía con una ambivalencia atroz: la de ser a la vez la libertad y la reja para el insular. Severo Sarduy, como Arenas, prefería la playa, es decir, la frontera. A Abilio Estévez le aterra y le seduce, el horizonte.

No se sabe bien entre nosotros; el mar es esa suma de espantos y de alucinaciones, jamás símbolo de la indiferencia, aunque la mayoría de los cubanos no sean grandes nadadores, no sean grandes comedores de pescado, y se sienten de espaldas al mar en el malecón y a la vez no les guste vivir en "el monte" donde se cuecen las brujerías y se escondieron los cimarrones: la agricultura como castigo.

AdA. ¿Qué nivel simbólico confiere a las islas?

AVZ. Una isla es un mundo aparte y a la vez es la posesión de una esquizofrenia permanente que oscila entre considerarse a la vez el centro (el ombligo) del mundo, decían los griegos, y el abandonado por el olvido del Otro de tierra firme.

Esto produce una psicología social, un imaginario, y un discurso, particulares.

La noción del espacio y del tiempo no pueden ser las mismas para un insular que se sabe limitado por el agua y no se apresura porque tiene conciencia de los límites de sus desplazamientos, de ahí la lentitud de su cuerpo. No es lo mismo para un continental que atraviesa fronteras en guagua…

Algunas islas (pienso en Inglaterra, pienso en Japón…pero no en Australia ni en Madagascar) no sólo son grandes sino que el peso de sus memorias históricas y culturales, les permite la insolencia de poseer una sensibilidad y un lenguaje, independientes.

Ese no es el caso de Cuba, como sabemos. Hasta la lengua que hablamos nos fue adquirida. Esa dependencia expresiva que viene de nuestra incorporación tardía al desarrollo de Occidente, explica muchos de nuestras equívocos y complejos al crear, es decir, al articular un discurso que pretende, por supuesto, ser original.

Hasta la nieve puede que se convierta, como símbolo de lejana extrañeza poseída, en algo habitual en la escritura de un insular, porque ninguna otra persona hace tantas piruetas ante el espejo del Otro como el isleño. Este complejo de la secundariedad sólo se equilibra (falsamente) por el de creerse excepcionales y por el echarle la culpa al Otro de sus desgracias, por esperar de los barcos la llegada de todo y también la salida.

Sólo cuando uno está consciente de estas carencias, cuando uno se sacude el polvo ridículo que nos inoculó el nacionalismo y la ignorancia, es que se puede tener la suerte de incorporar el mundo como ganancia.

Creo que el vivir, por casualidad primero, por elección voluntaria después, mi exilio en París, veo mejor y me sacudo esas condenas. Aunque sigo creyendo que fue Lezama Lima, el insular criollo eterno, el que más lejos ha llegado en la creación de un lenguaje entre nosotros.

Pero Lezama era un genio. Y nosotros no podemos ser Shakespeare…

AdA ¿Qué se siente en el cementerio Père Lachaise al pasar, pasear junto a las habitaciones paralelas de Jim Morrison, Marcel Proust, Honore de Balzac, Allan Kardec y tantos otros monstruos?

AVZ. Durante casi 2 años pasé muchas de mis tardes, leyendo, en el cementerio Père Lachaise. A la espera de mi residencia, y como vivía frente al cementerio, me aprendí de memoria el recorrido de sus tumbas.

Al conocer a la madre de mi hija Ariane en la Plaza de Armas de La Habana Vieja y saber que ella era francesa y vivía en París, lo primero que hice fue comenzar a hablarle del Père Lachaise. La sorpresa fue recíproca porque Véronique vivía frente al cementerio.

Los franceses huyen de los testimonios de la muerte y de la vejez: la razón suele ser muy estricta con las eficacias y los modales de la disciplina y la carne joven. Por eso es que no comprenden nuestra romántica pasión por el lugar donde reposan los cuerpos.

En este libro, así como en otro de cuentos que escribo y en mi novela de argonautas, aparece el cementerio Père Lachaise que está cerca de mi apartamento actual y por donde hago mi jogging varias veces por semana, quizás porque siempre me recuerda la ingenuidad y el placer de aquél balsero que soy yo y que llegara en 1996 de La Habana a París…

AdA. ¿Cómo se relaciona Cienfuegos y París?

AVZ. El racionalismo de sus arquitecturas, la independencia de sus placeres, cierta altanería respetada, y el refinamiento de sentirse distintos en ciertos gestos y expresiones, en la manera de ocupar el espacio y de poseer mitologías propias; hicieron de los cienfuegueros y de Cienfuegos los criollos galos y la ciudad francesa de Cuba.

AdA. ¿Regresaría algún día a vivir a Cienfuegos?

AVZ. En medio de mi exilio cienfueguero, me convencí que yo quería ejercer la indisciplina de escribir. Allí, donde añoré y obtuve bellezas inenarrables, también me condenaron por primera vez por ser diferente, casi sin saberlo. Es decir, con Cienfuegos llegaron de la mano, a mi vida cubana, la imaginación y el ostracismo.

Y como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, y como el guerrero descansa en algún sitio predilecto después de las batallas, volveré a Cienfuegos.

Pero a otro, a un Cienfuegos como aquel de antes del 59 en el cual existían 2 pdiarios de 8 páginas cada uno (El Comercio y La correspondencia), el de una bahía atravesada por apacibles camaroneros… A un Cienfuegos donde no tenga que dormir en un calabozo por escribir poemas, organizar un festival de cine alternativo, crear una revista literaria, o fundar sin permiso un grupo de artistas…

Entre tanto, sigo viajando en otros veleros, por París o Madrid, por Miami Beach o Brujas, es decir, sigo escribiendo.

Nadie recuerda, insiste Borges, que después de volver a Ítaca, Ulises se fue de nuevo de viaje. Algunos, incluso, le atribuyen la fundación de Lisboa.

En la novela La defensa de Nabokov, el ajedrecista que la protagoniza, un exilado ruso como el autor, dice que lleva a Rusia en su alma dondequiera que vaya.

Cuando uno es un exilado no tiene más remedio que llevar consigo las cosas que ama. La idea del Ulises que Borges toma de Dante, y del ajedrecista que Nabokov toma de sí mismo, me hacen creer que, a pesar de la Historia, es decir, de las circunstancias que suprimen los deseos, la imaginación me hace libre y me permite evocar y fundar otras muchas Cubas… en espera de una verdadera que corresponda a mis deseos.

 

Miami Beach, agosto 2010

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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Julia 29/09/2010 09:01


Gracias Armando, la pasamos bomba contigo la noche del café de tu presentacion.
Es raro leer cosas inteligentes en estos tiempos, ademas, eso de reirte de ti mismo y de tus desgracias de exilado en Francia, agrado mucho a la gente...no te hiciste "el francés" para nada.
Un beso


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