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7 février 2010 7 07 /02 /février /2010 21:18

TABLA.jpg             Muchas veces nos vemos obligados a agarrarnos a una tabla. Y se puede imaginar que en estos casos una tabla es cualquier cosa que nos ayude a salvarnos, a pasar un temporal, un mal momento, una situación tan agónica que deseamos con fervor que sólo sea transitoria.

 Agarrarse a una tabla puede ser, así, cualquier cosa; huir, respirar, esconderse, en fin, flotar. Todo menos la muerte.

            Hay maneras infinitas también de leer un libro, de agarrarse a él. Sobre todo si el libro tiene más de 400 páginas, sin punto ni aparte. De un tirón. Más que un maratón, un verdadero reto al lector contemporáneo, cada vez más mimado a la brevedad fácil y a la pantalla. Al contraste entre el estrés cotidiano y el inmovilismo de la imagen visual.

            De las muchas maneras que se pueden proponer para leer  La Tabla, novela del escritor cubano exilado en Miami, Armando de Armas, editada en Madrid por la Fundación Hispano-Cubana, he preferido especular sobre el por qué de esta manera de escribir, sobre la forma caótica en que se cuenta la historia. De esta avalancha de la cual se bifurcan relatos que todos tienen algo en común: la errancia por la Cuba de finales de los 80 y principios de los 90.

            La tabla cuenta el viaje en tren de Amadís desde La Habana a Cienfuegos para comprarse una pistola, en una primera parte, y sus peripecias en esta ciudad de provincia como marginal, en una segunda.

El viaje es, además, mental. A medida que avanza el tren o se huye de la policía, se balanza el discurso entre el presente y el pasado, la mayor parte del tiempo a la manera en que lo hiciera aquel francés, pretendiente malogrado de la hija de Mallarmé, Édouard Dujardin en Han cortado los laureles, una noveleta que no desconocía Joyce: en forma de monólogo interior.

Sólo que, en el libro de Armando de Armas, no sólo no existen laureles sino que se cuenta, con un registro que se me antoja neogótico, la larga noche de desencanto que significa para un joven tratar de ser diferente en Cuba, es decir, parecerse a millones de jóvenes del mundo que quieren divertirse, viajar, o disentir de la política.

En el viaje de La tabla cabe la summa de los pesares de un cubano que viviera los patéticos años de la revolución. Basta con abrir la novela y recorrer el caos que se narra: las escuelas en el campo, el hostigamiento constante de la policía, la crisis del 80 y el Mariel, el tenso clima de la universidad, la prohibición de tratar con extranjeros, la precariedad del transporte, la violencia, el hambre…

Basta, repito, con echarle una hojeada a una página del libro. A la manera en que un católico abriría al azar la Imitación de Cristo del beato Thomas de Kempis para reconfortarse, si usted abre La Tabla por cualquier página, puede estar seguro de transitar por las tribulaciones cotidianas de todo cubano que haya vivido las ya extensas décadas del comunismo insular.

Es por eso, me digo, que de Armas no puede expresarse aquí de otra manera: el caos del discurso, el exceso de las imágenes, corresponde a la ausencia del orden de las circunstancias, a lo impredecible que resultan en Cuba las estrategias de anulación del otro desde el discurso del Poder.

Lo auténtico de La tabla radica en haber sido escrito de manera clandestina en Cuba, sin pensar en publicarse en lo inmediato, como el desahogo de una existencia que se comparte consigo mismo para no creerse derrotado por el estigma que le imprime al ser el totalitarismo.

A la tabula rasa que hizo la (supuesta) revolución cubana con muchas cosas normales en cualquier lugar menos en Cuba, el autor opone esta tabla que arrasa, repleta de palabras en un único párrafo que teme al vacío, historias que llenan, sin racionalidad aparente, sus espacios.

Quizás porque la insolencia y el miedo suelen manifestarse, en la cultura cubana, por el no dejar de hablar, por el grito, por la bulla sin sentido, por la repetición de una astucia o de un estribillo, en fin, por un estridente monólogo en voz alta y chillona…

Y ya sabemos que estos artificios, practicado en los últimos años por todas las expresiones de la isla, tratan de ocultar los deseos más recónditos; el rechazo que pudiera conducir a la delación del prójimo y al fracaso de la fuga.

La tabla  funciona a la manera de este artificio, pero escrito. Como una totalidad de lo dicho en secreto, como la experiencia que acumula varias experiencias: la autobiográfica, la de la familia y conocidos, incluso la experiencias de lecturas, la de una cultura adquirida, también, de manera arbitraria y feroz, es decir, canibalesca.

El filósofo español José Ortega y Gasset –hijo de un cubano nacido en Cárdenas, como Virgilio Piñera– escribió en algún momento que el hombre aspira a salvarse agarrándose a una tabla de salvación: la cultura.

Es esa la impresión que deja la lectura de La Tabla. La de ser la confluencia de una expresión que desborda la experiencia del sujeto y al mismo tiempo le sirve para flotar en medio de la tempestad, para salvarse.

            Obvié más arriba lo principal de las tribulaciones de Amadís, el por qué quiere comprarse una pistola, en fin, su deseo de escapar en un barco de Cuba, de, cito, “cruzar el charco”.

Y ¿qué pasarela más útil, me pregunto, para cruzar un charco (de agua, como se sugiere en la primera página del libro, o de sangre, como se describe en la última), que una tabla?

Una tabla desde la cual reconozcamos que a pesar de todo respiramos, leemos y escribimos, y llevamos con nosotros varias pruebas de nuestra salvación, por ejemplo, un libro.

           

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

Marie-hélène B 13/05/2010 18:52


Querido, me encantaron y me conmovieron mucho tus articulos me han encantado en especial sobre el amigo Juan muy fiel, muy auténtico sobre como era él; gracias por haberlo recordado; de hecho
tambien a mi "me sometia" a ese rito o ritual a menudo los miercoles o sabados ya los estoy extranando; me has dado muchas ganas de leer la novela de tu paisano; sigue escribiendo e informandonos,
lo necesito!!


Raquel YG-I 20/02/2010 04:32


precisamente esta crítica u opinión de "La Tabla" de Armando de Armas, es la que me convenció para comprármelo y ya estoy en medio de su lectura, una maravilla, por cierto. Encantada de conocer tu
blog, amigo. Te hiciste ya miembro del grupo nuestro
en Facebook?. Por si acaso y como te has ofrecido a colaborar, te dejo el link y posiblemente, jeje, te pida alguna dedicatoria para el proyecto, vale?. Gracias Armando!

http://www.facebook.com/group.php?gid=247089812255


Zoé Valdés 09/02/2010 16:34


Armando de Armas es un excelente escritor. Debo leer esa novela.


Eva 08/02/2010 16:07


Yo ya no sé a qué me agarro...


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