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1 janvier 2014 3 01 /01 /janvier /2014 17:47

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Estampas de Eladio Secada (1941-1948)

   En el año 2013 se cumplió, sin que nos diéramos cuenta, un siglo de Entre cubanos, libro en el cual Fernando Ortiz se desespera ante “la ley psicológica del menor esfuerzo” de los insulares, y se refiere al choteo como una vanidad nacional y una desgracia criolla.

   Dicho sea de paso, en Entre cubanos Ortiz incluye une reseña titulada “De un libro, que es un puñetazo” sobre Cuba y su evolución colonial (1907) de Francisco Figueras, un ensayo que ridiculiza muchos mitos de la psicología social del cubano. Pocos le han dado tan duro a nuestro extrovertido carácter insular como Figueras. Si pasamos por alto, por supuesto, a un Enrique José Varona. Habría que esperar, quizás, a Indagación del choteo (1928) de Jorge Mañach, para volver a leer un libro que sistematice una condena a la ligereza del espíritu y sus consecuencias en la sociedad cubana.

   Por su parte, con sus Estampas el periodista Eladio Secades se integra de una manera muy personal a la tradición republicana de describir y juzgar ciertos comportamientos en sociedad de los cubanos. E insisto en lo de personal por dos aspectos: el punto de vista asumido y el empleo magistral del lenguaje.

   En apostillas casi diarias que él mismo nombra Estampas publicadas en Alerta, en Carteles y en Bohemia, Secades se burla de tipos, costumbres y comportamientos de sus compatriotas. Lejos de asumir un tono grave de magisterio a lo Mañach, Secades retoma el humor para pasar en revista las costumbres y la subjetividad de sus conciudadanos: “Hemos querido libertarnos del tradicional choteo criollo. Y de tomarlo todo en broma hemos pasado a tomarlo todo en serio”, escribe, en lo que puede considerarse la base de su visión crítica.

   No hay en estas páginas un reproche pesimista sino una celebración lúdica de nuestros defectos, un escepticismo festivo. Pero este tono puede, de cierta manera, interpretarse como una renuncia resignada a una mejoría de nuestros vicios nacionales. En este aspecto se le puede considerar un precursor de Guillermo Álvarez Guedes.

   Basta con leer los títulos para constatar la cercanía de sus crónicas con la vida cotidiana: “El piropo”, “El guapo cubano”, “Los chucheros”, “El picador”, “El criollo en Miami”, “El rescabucheo”, “El picúo”, etc. Me asombra al leer a Secades no sólo esta proximidad que en cierto sentido no envejece porque siempre revela un rasgo de nuestra psicología colectiva, sino también su prosa, su poder de síntesis, su ritmo, y la importancia concebida a lo inesperado:

   Sobre el pesao cubano: “Nuestra raza ha producido un “pesao” exclusivo, un “pesao” característico e insufrible. El que quiere hablar en todas partes, el que experimenta el placer de dejarse oír”.

   Sobre la trompetilla:Tres instituciones cubanas han obtenido pasaportes diplomáticos y sin trabas aduanales se han lanzado a viajar por todas las latitudes: la bolita, el son y la trompetilla (…) La trompetilla (…) es el verdadero concepto cubano sobre la libertad del pensamiento”.

   En 1942 Secades recibió el premio de periodismo Justo de Lara. El presidente del jurado era Jorge Mañach. Ambos se fueron de Cuba al triunfo de la revolución y murieron en el exilio: Mañach en 1961 en Puerto Rico, Secades en 1976 en Venezuela.

Fidel castro en rompecabezas de Juan Arcocha (1973)

   Sin dudas, entre cubanos, uno de los principales libros del año es Mapa dibujado por un espía de Guillermo Cabrera Infante. Como se sabe, en estas memorias se narra el último viaje del escritor a Cuba motivado por la muerte de su madre, las tensiones entre los intelectuales de La Habana y el poder castrista en aquel 1965, y las intrigas de este poder en torno a Cabrera Infante y sus funciones de diplomático en la embajada cubana de Bruselas.

   La salida de este libro y el fallecimiento el 3 de diciembre de Marta Frayde, me hicieron releer Écoute Fidel, las memorias de esta antigua representante de Cuba en la Unesco, fundadora del Partido Cubano Pro derechos Humanos y presa política. En este libro nunca editado en español, Marta narra, al igual que Cabrera Infante, sus vivencias en Cuba como simpatizante de la revolución y, más tarde, como disidente.

   Fueron estos dos libros los que me han llevado a comentar otro menos conocido: Fidel Castro en rompecabezas de Juan Arcocha, amigo íntimo tanto de Cabrera Infante como de Marta Frayde.

   Como lo sugiere el título, en el caso del libro de Arcocha se trata de un retrato, a partir de varias perspectivas, del personaje de Fidel Castro. Lo interesante aquí es la manera en que se utilizan aspectos anecdóticos de una amistad entre el autor y el dictador para tratar de comprender, desde el punto de vista psicológico, la equivocada fascinación que ejerció Castro entre sus seguidores en un primer momento, y el paulatino desengaño que lleva a la ruptura, al enfrentamiento o al abandono.

   Arcocha, como Cabrera Infante y Marta Frayde, cumplió misiones diplomáticas, en su caso, en la embajada cubana en París, después de haber sido corresponsal del periódico Revolución en Moscú. Se le conoce, además, por haber sido el intérprete de Jean Paul Sartre durante su primer viaje a Cuba. Arcocha tuvo el coraje, al igual que Marta Frayde, de volver a La Habana para anunciar su ruptura con el régimen. Su libro, sin embargo, no son ni memorias, ni el elato detallado de hechos, sino, más bien, la interpretación de una disensión causada por dos comportamientos diferentes ante la historia: el del caudillo de una revolución que busca perpetuarse a la cabeza de un país, y el del escritor que por razones éticas no puede aceptar la adhesión a un estatuto de intelectual orgánico de una dictadura.

   Arcocha encarna en este libro al intelectual que de manera individual y solitaria debe elegir entre las prebendas de la sumisión y la disidencia o el exilio, con todos los riesgos de desarraigo y anonimato que el destierro representa.

   Con la prosa depurada y el tono humorístico que caracteriza su escritura, Arcocha nos muestra desde la intimidad el itinerario personal de un arrepentimiento. Más que unas disculpas (que no abundan entre quienes estuvieron cerca del poder comunista en Cuba) por haber participado en sus inicios en la instauración del régimen, Arcocha trata de explicarse a sí mismo, y de paso a un hipotético lector, las causas de un entusiasta error colectivo, con la callada esperanza de que pueda servir a los demás su propia anagnórisis.

El último día del estornino de Gerardo Fernández Fe (2011)

   La sensación de una tensa rareza o el acecho de una trampa fatal, es lo que va dejando en uno la lectura de este libro de Fernández Fe. Mientras el lector se pregunta, ¿pero qué le pasa a este tipo, chico?, esta pregunta se va sustituyendo por otras, ante tanta intriga. La razón parece simple, pero no lo es: en la novela los personajes imaginados por (digámoslo de alguna manera convencional) el protagonista Luis Mota sobreviven a su propio genitor.

   Quizás debía haber comenzado por tratar de reponder: ¿qué cuenta en realidad El último día del estornino? Luis Mota al salir del cine y después de haber visto una película de Vin Diesel, ve caer a sus pies un estornino muerto. Esto lo motiva a consultar libros sobre este extraño pajarraco, y el descubrimiento de una pistola escondida en el interior de un voluminoso libro de una biblioteca pública, le hace imaginar la historia de una probable pareja de amantes, anteriores usuarios del dichoso libro.

   Uno de estos personajes inventados por Mota, Octavio Forlán, cuenta a su vez historias que inventa a su amante, la esposa de un ingeniero de la empresa estatal de petróleo de Venezuela. Historias en las cuales, por supuesto, aparecen otros personajes ficticios que se añaden a este laberinto de espejos de ficciones, situaciones y dramas abiertos al lector.

   Esta estrategia le permite a Fernández Fe diversificar los espacios, los personajes, las épocas y las circunstancias de un mundo que, a su manera, interactúa a la vez por el ejercicio de la imaginación, un mundo en el cual la propia realidad observada puede ser en realidad una suma de espacios subjetivos.

   Mientras leemos estamos al mismo tiempo en Caracas, en la guerra de Serbia, en la Yugoslavia de Tito, en el Peloponeso griego, o en cierta Habana de los años 70, La Habana de un marginal cenáculo literario reunido en las cercanías de la funeraria de Calzada y K. Conocemos así las zozobras de un francotirador serbo, de un próspero ingeniero asediado por una innombrable organización, a una jinetera cubana casada con un italiano que viaja con un camionero por Grecia y, claro, las intimidades de Octavio, hacedor de estas historias en lugar del propio Mota.

   Vale interrogarse entonces acerca de las múltiples maneras que puede leerse y analizarse esta novela, a la vez propia y ajena al propio autor, si caemos, claro, en sus propias simulaciones. Al menos una pista: basta con llegar a saber (a fuerza de buscar para ser incrédulos) que el estornino puede, en ciertos imaginarios, representar al animal capaz de imitar infinidad de cantos atonales, y también simboliza al mensajero que transmite vocalmente una noticia (como ocurre en Mabinogion una colección de cuentos medievales galeses donde un estornino es amaestrado para cruce el Mar de Irlanda con un mensaje), para develar algunas posibles claves de esta novela insólita.

   Es evidente que Fernández Fe (que nació en La Habana, es francófono, ha viajado por Europa antes de trabajar en Ecuador y ahora vive en algún lugar de la Florida) le interesa la literatura en sí misma, y no insistir sobre emblemas de identidad que a veces facilitan el reconocimiento: tratar de buscar en este libro a la cañona pruebas de una cubanidad es estéril, y sólo denota una cierta pobreza intelectual de quien aplica el ejercicio.

   El riesgo es enorme: la literatura por nuestras orillas sigue aplaudiéndose por tonterías de identidad, por la reproducción de mimetismos agotados de nuestro falso exotismo. Al menos por ahora. Y pocos se arriesgan a cruzar las fronteras que nos conducen al mundo.

   En todo caso, leer a Fernández Fe obliga adaptarse a un exigente ejercicio de inteligencia que ubica al lector en el mundo diverso y confuso por el cual transitamos, y en el cual la isla donde él naciera está lejos de ser el centro de las historias y de los personajes que se suceden como el paso de una inquietante bandada de estorninos.

Publicado en: http://www.penultimosdias.com/2013/12/30/tres-lecturas-cubanas-del-2013/

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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Griselda 02/01/2014 13:56

Super interesante y útil, gracias.

Ruth 02/01/2014 13:55

Excelente aporte a la buena lectura, gracias Armando Valdés-Zamora, un abrazo

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