Overblog Suivre ce blog
Editer l'article Administration Créer mon blog
6 avril 2011 3 06 /04 /avril /2011 20:20

              Inferno - Jorge Camacho(Notas sobre Jorge Camacho)

 

Un atardecer de la primavera de 2003, caminando por una callejuela no lejos del centro del viejo París, me encontré con una frase: Le livre des fleurs.

Me di cuenta que ésa era la traducción al francés de la contraseña que utilizaba Reinaldo Arenas en el Parque Lenin de La Habana: “El libro de las flores”.

No sé cómo llegué allí, pero en realidad yo estaba parado ante la entrada de la galería Thessa Harold, y lo que tenía ante mí era una exposición del pintor cubano Jorge Camacho.

Mi regocijo no fue sólo enorme y solitario, sino que me permitió, durante una suma de instantes, asociar imágenes de lecturas, conversaciones, testimonios ajenos que, de un golpe, aparecían ahora, en el momento menos esperado, ante mi asombro.

Recordé las cartas de José Lezama Lima y una frase que le dirige a Camacho: Siempre te veo como un buscador de la médula del sauco. Buscador había definido Lezama a Camacho. Y es de esta manera como yo lo había siempre visto desde mi ignorancia. Quiero decir, desde la experiencia mínima de quien sólo conoce a través de fragmentadas referencias, reproducciones y alusiones ajenas.

La contraseña de Camacho al Arenas fugitivo que escribía con fervor antes que anocheciera, me abrió a mí las puertas de un universo dibujado que ahora podía casi tocar, como si el exilio –esta manera aérea de estar siempre en otro sitio-, nos compensara, sin aviso y tarde, el precio de vivir a la deriva.

Camacho abandonó en La Habana su carrera de derecho (se negaba, decía, a estudiar también pintura) y se fue en el 59 mismo a París, en un barco que se ha convertido con los años en un Arca de Noé de la pintura cubana por la relevancia de sus tripulantes; en él salieron de Cuba, además de Camacho, Gina Pellón, Joaquín Ferrer, Guido Llinás, Hugo Consuegra, Jorge Castaño, entre otros, sin dudas algunos de los más importantes pintores cubanos del siglo XX.

Mucho se ha mencionado la acogida de André Breton a Camacho, lo decisivo de ese encuentro facilitado por el escultor Agustín Cárdenas, para definir la pintura del recién llegado a París.

Leo que a Camacho le gustaba comentar que todo el mundo habla del surrealismo sin conocerlo. Surrealista como antes ocurrió con la denominación de manierista, y más recientemente, con la de barroco, son etiquetas que una razón desesperada lanza para organizar mejor sus escaparates, pienso yo.

Y, a riesgo de ser reductor, me pregunto: ¿cómo relacionar el surrealismo con los diferentes lenguajes de la cultura cubana?

Para quienes nacimos y estudiamos en la Cuba posterior al 59, el término de surrealista es casi peyorativo. La culpa, quizás, la tuvo Alejo Carpentier quien después de haber navegado en esas aguas, se fue a inventar lo de real maravilloso y, más tarde, con la llegada triunfante del realismo mágico de García Márquez, sacó como un último recurso, el barroco como método.

Para Jorge Camacho no. Para él el surrealismo fue siempre la única manera de modelar su expresión, enriquecida, eso sí, por la observación minuciosa de la naturaleza, por la fotografía, por la escritura y las lecturas más disímiles.

Conocedor de raras especies de pájaros que veía volar en libertad cerca de su casa andaluza. Pero también de las más diversas floras. Y no sólo eso. Camacho, por ejemplo, estudió como pocos la alquimia, esa antigua ciencia del absoluto que en París tiene todavía adeptos y mitos, grabados y libros innumerables. También el chamanismo y el ocultismo.

Y menciono las anteriores fuentes porque en la pintura de Camacho esa búsqueda que le imaginara Lezama se expresa de las más diversas maneras. La suma irracional de imágenes propia al surrealismo en los cuadros de Camacho tiene orígenes que no pueden explicarse únicamente por el sueño y la voluntad.

La centralidad de una figura se pliega y levita, alrededor de ellas danzan fragmentos de otras, pero el eje central siempre intenta volar (¿cómo un pájaro?) hacia un espacio que se me antoja una arena a veces de tonalidades cobrizas, a veces de un anaranjado ceniciento.

Más allá del tono poético que se ha mencionado en esta pintura, percibo en ella una enorme melancolía. Como si el deseo añorara aquí algo que podría haber existido y cuya ausencia justifica, una y otra vez, la aparición desesperada de huesos, animales, lunas, espejos, etc. Un caos que pretende siempre esconder en alguna parte un secreto sugerido.

La única disciplina que me he impuesto en mi exilio (además de poder pagar el alquiler del techo y el de la calefacción en invierno) es tratar de asimilar todas las sabidurías que remeden un poco mi incultura.

Camacho logró concebir uno obra universal, creo, por haber hecho de la curiosidad y la persistencia, los aliados preciosos de su búsqueda desgarradora. Por eso limitarse en este caso a encontrar sólo lo cubano de su arte es estéril. Su vasto mundo de invenciones necesitará rigorosos estudios para que no se olvide y se muestre con justeza a quienes no lo conocen.

Me veo, ahora, caminando entre las tumbas del cementerio Père-Lachaise. Me detengo, como hace 15 años, a saludar en su tumba a Gerard de Nerval, y sigo al crematorio donde se le dirá adiós, esta tarde soleada de primavera, a Jorge Camacho, fallecido en París el 30 de marzo.

Llego justo antes de comenzar la ceremonia. Saludo al arquitecto Ricardo Porro y le comento a su esposa Elena el artículo de Jorge Edward publicado hace unos días en  El país, en el cual el escritor chileno rememora una conversación durante una reciente cena con ellos.

Percibo de lejos al escritor Juan Abreu a quien no conozco personalmente. Lo imagino, eso sí, llevándole libros y comida a su amigo Reinaldo Arenas al escondite del Parque Lenin.

La ceremonia comienza con la lectura del más conocido de los sonetos de Nerval: El desdichado. Se lee en francés, primero, y después en una traducción al español del propio Camacho.

Aline Shulman, lee, desgraciadamente sólo en francés, un emotivo homenaje de Zoé Valdés al pintor, al amigo, y al defensor radical de la libertad de Cuba.

Al final el maestro de ceremonia sugiere que se depositen pétalos de flores sobre el féretro a manera de adiós. Sigo la breve fila, paso al lado de Margarita, la viuda de Camacho, y dejo caer dos pétalos, uno rojo, otro blanco, sobre la placa donde aparece inscrito el nombre del pintor.

Invadido por una inexplicable melancolía, decido entonces irme. Tomo, para salir del cementerio, un camino que conozco. Y me detengo de nuevo, claro, a  saludar a mi manera a Nerval en su tumba, antes de irme a la calle y sentarme en un café a escribir estas notas.


(Ilust: Jorge Camacho, Inferno, homenaje a José Lezama Lima)

Partager cet article

Repost 0
Published by Armando VALDES-ZAMORA
commenter cet article

commentaires

Daniela 15/04/2011 13:07


Me gusto mucho Armando. Un beso fuerte.


Jenny 08/04/2011 12:32


Oye, mi herma, eso de las etiquetas que la razon desesperada lanza...te quedo fantastico, creo que es la mejor frase para catalogar, como se es catalogado en Francia.
Como siempre un articulo lleno de sentimiento y sentido comun. Un aplauso desde los Alpes Maritimos y desde el sol!


Eduardo 06/04/2011 22:59


Otro de los grandes que se va sin ver a Cuba libre. Gracias Armando por tan emocionantes palabras de adios


Présentation

  • : La Balsa de la Musa El blog de Armando VALDES-ZAMORA
  • La Balsa de la Musa El blog de Armando VALDES-ZAMORA
  • : Comentarios sobre la literatura y la actualidad cubanas e internacionales
  • Contact

Liens