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29 mai 2011 7 29 /05 /mai /2011 13:56

San-Bradan-y-el-ballena-en-su-manuscrito-del-siglo-XV.jpg         En su novela póstuma El color del verano el escritor cubano Reinaldo Arenas imagina cómo la isla de Cuba es arrancada de su plataforma insular por sus habitantes, al final de un delirante carnaval que pretende celebrar los 40 años del castrismo.

Al no ponerse los cubanos de acuerdo sobre el itinerario del territorio que comparten, la isla parte a la deriva por los mares.

 Arenas lleva al paroxismo su visión, a la vez festiva y catastrófica, del destino insular. La Historia y la geografía, insinúa Arenas, nos condenan por sus particularidades a errar de manera infinita con la isla y sus imágenes, hasta el fin de los tiempos.

Es a partir de esta imagen de dispersión y de diversidad de un imaginario, por sus puntos de elocución, y también  por sus disímiles maneras de expresión, que se han agrupado aquí este conjunto de cuentos cubanos.

A estas alturas nadie puede negar la particularidad de la historia de Cuba, ni la existencia de una escritura literaria fragmentada en el interior de la isla y en el exilio, que se expresa en los últimos años a través de la indiferencia, o de la invención de espacios, personajes y conflictos, que eluden la confrontación y la alusión directa a la voz autoritaria del poder.

Las antologías de cuentos cubanos se han construido casi siempre a partir de criterios estrictos y de nociones fijas. La pertenencia a una generación (noción impuesta y repetida por la semántica del poder político), la afinidad de un tema, o la agrupación alrededor de un estilo, son los requisitos que estructuran estos libros publicados principalmente en Cuba.

Los cuentos que aparecen aquí sólo repiten una exigencia elemental: todos han sido escritos por escritores que nacieron en Cuba y escriben en español.

Dos de sus autores –Antonio Benítez Rojo y Carlos Victoria- murieron en el exilio. Aparecen aquí a manera de homenaje, abriendo y cerrando el libro con textos inéditos en francés. El resto de los autores escriben y publican en Cuba o en el exilio, es decir, integran otra isla escrita que deambula, como la ínsula de El color del verano, para existir o alternar con la isla real.

El público francés conoce a algunos de estos escritores cubanos activos. Libros de Abilio Estévez, Leonardo Padura, Ena Lucía Portela, Antonio José Ponte y Amir Valle han sido traducidos y publicados en Francia. Los demás, o han publicado en francés textos aislados, o simplemente son inéditos.

El crítico norteamericano Harold Bloom divide a los cuentistas en dos grandes grupos: los que deben asociarse a la escuela de Anton Chéjov, o los que tienen puntos en común con  Edgar Allan Poe, Kafka y Borges.

Bloom toma como criterio de selección la extrañeza que produce la lectura de la historia, la naturaleza del conflicto y, sobre todo, el tipo de relación que establece la narración con la realidad.

Si partimos de esta amplia distinción para calificar brevemente a la escritura de los cuentos de La isla errante, podemos confirmar la diversidad estilística ya mencionada.

Muchos de los cuentos que aparecen aquí, realistas o fantásticos, articulan sus conflictos a partir de una escisión imaginaria entre el espacio insular y otro, errante, a partir del cual se pretende atenuar una pérdida, o celebrar una fuga.

Esta línea, sugerida o evidente, divide el aquí y el allá, el adentro y el afuera, lo evocado y lo cotidiano, la ley y la transgresión, rige la conciencia de los personajes, y estructura a la imaginación.

Leonardo Padura en sus Nueve noches con Amada Luna a través de un reencuentro en Miami con una cantante alterna la evocación de una vida nocturna desaparecida en La Habana pre revolucionaria, con dos destinos vividos en espacios que se contraponen, Cuba y el exilio.

La escritura de la historia fracasa, según el propio narrador, ante la imposibilidad evidente de revivir las aventura con la cantante: sólo queda la memoria y, claro, el texto escrito como prueba de la división de dos mundos que alguna vez fueron uno solo.

Esta misma cesura se constata en el cuento De este lado del muro de Antonio José Ponte. Sólo que en este caso es la puerta clausurada de una casa ocupada la que aísla a una propietaria de los usurpadores quienes terminan por invadir a su muerte todo el espacio ajeno ante la impotencia de un testigo, pariente de la difunta, que no tiene donde vivir.

Un mundo allá fuera titula Juan Flores Iriarte su cuento, insistiendo sobre un divorcio entre la intimidad y lo real, aún cuando de manera absurda el interior de esa intimidad (una noche con una prostituta como él prisionera) transcurra…en una estación de policía.

 Una realidad que en Alguna enfermedad muy grave de Ena Lucía Portela deviene enfermiza por la persistencia de un calor tropical indeseado que atenúa el encuentro con un holandés y un viaje a Europa. La enfermedad aquí es el calor como signo de la repetición cíclica de un hastío insuperable en el interior de la isla.

En el mundo carcelario que describe Ángel Santiesteban en su cuento La luna, un muerto y un pedazo de pan la luna que se dibuja más allá de la prisión funciona como única referencia de la fuga, aún cuando esa fuga se identifique con la muerte, como ocurre también con el personaje de Fernán de Tiempo de allegar y tiempo de esparcir un cuento de Ernesto Santana.

La luna que se contempla en la cárcel, a pesar del superticioso peligro de la muerte, y la pérdida de los libros de una biblioteca, actúan como fracasos de tentativas salvadoras, como testimonios de una maldición.

Raúl Antonio Capote en Hombres en negro describe el desconcierto “kafkiano”, la dicotomía irreconciliable de dos mundos, de dos islas. El protagonista, a pesar de reconocer las calles de La Habana por donde acostumbra vagar, no puede comprender el lenguaje ni de los transeúntes ni de su familia al despertarse: es el discurso quien divide los dos universos. Para este personaje la realidad se ha convertido en algo a la vez incomprensible y asfixiante, como los hombres de negro, la frontera agónica que le anuncia el peligro de su diferencia.

La isla errante de Orlando Luis Pardo Lazo en Sweet Habana es una Habana que se reinventa por juegos de lenguaje y la sucesión de despedidas de años (1988, 1999) que anuncian la prolongación de una catástrofe comenzada precisamente un primero de enero, pero de 1959…

  La ascensión hacia el cielo como fuga sublime, del personaje de Tino, en el cuento Vagabundos en viaje de Abilio Estévez culmina de manera exquisita –por la forma que adopta la imaginación, pero también por el lenguaje- la idea predominante en este conjunto de historias.

Cada noche Tino, un habanero que vive en Barcelona, ve deambular por los tejados a grupos de hombres y mujeres. Tino atribuye sus visiones –que le provocan la más extraña de las añoranzas: la de constatar que algo aún no se ha cumplido en una vida- un viejo libo traido de la habana.

Guiado por uno de los equilibristas, Tino logra volar, como soñaba Santiago, el personaje del libro que él estaba leyendo. Y la ascensión viene acompañada de una plenitud que lo separa para siempre de la ciudad y de su vida ordenada e incompleta.

El personaje de Estévez, más allá de errar con la memoria de la isla, abandona también el lugar del exilio para culminar, digamos que en el cielo, la plenitud de su viaje imaginario.

Olvidé decir que Arenas, antes de  imaginar el hundimiento de la isla de Cuba, lanza al mar al narrador de El color del verano con el manuscrito del libro que leemos, escondido en varias botellas.

De cierta manera los cuentos de este libro, es decir de La isla errante,  pueden concebirse como fragmentos de esas botellas que, o vagan por el mundo, o llegan a las playas de Cuba, deambulan por sus paisajes y calles, o simplemente vuelan como Tino sobre alguna ciudad del mundo en busca de otros universos, es decir, de otras islas.

Versión en español de mi introducción a la antología de cuentos cubanos L’île errante.

(Ilust: San Brandan y la ballena, manuscrito del siglo XV)

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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Lisa 30/05/2011


Gracias Armando por compartir con nosotros tus publicaciones, y FELICIDADES!


Maritza 03/06/2011


Muy bueno Armando, la idea de la isla que flota esta muy buena. Ademas mencionas a casi todos los buenos escritores cubanos actuales. Seguiremos leyéndote.


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