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23 octobre 2011 7 23 /10 /octobre /2011 16:29

David-LAGO.jpg

(Notas sobre David Lago)

            “Falleció el escritor y poeta David Lago”, leo en la pantalla del ordenador de la oficina que comparto con otros profesores en la universidad, cuando me dispongo a irme a dar uno de los tantos cursos de los miércoles.

Lo leo varias veces, consulto otras fuentes, doy vueltas, creo, con un vaso de agua y no hay arreglo: la noticia es cierta y yo, agobiado como siempre por la realidad (porque no hay nada tan real como la muerte, digo de manera melodramática) tengo que ir a fingir ser un profesor durante varias horas ante alumnos de 20 años para quienes la muerte tiene que ser una visión ajena.

(Creo que miré un rato por la ventana y aprecié algún que otro rayo de sol en medio de la frialdad otoñal. Estoy seguro, eso sí, que mandé un mensaje a una vecina de mi madre en Santa Clara que se preocupa por no tener más noticias de mi ajetreado diario en París).

David Lago siempre me dio un poco de miedo. Él y su poesía, su palabra escrita y su manera irreverente y amarga de asumir el exilio. Nunca le dije esto a David y ahora, como siempre que acude la muerte, es demasiado tarde para que lo sepa, por lo que es evidente que escribo estas notas sobre todo para mí y mis desconciertos.

Traté al menos de saber yo el por qué de mi miedo, digamos, de mis aprehensiones. Y por eso llamé a David del  hotel (para su sorpresa), durante un breve viaje mío a Madrid la primavera pasada.

Ahora que la muerte nos obliga hasta a ser ridículos, idealizo nuestra cita junto al horrendo pez que cubre la salida del metro Sol, y los pasos de él, conocedor de un Madrid donde proclamaba con orgullo y desconsuelo que moriría, a la búsqueda de un café para sentarnos a hablar.

David prefirió que nos sentáramos en un café que él frecuentaba. Saludó al camarero y antes de intercambiar mi poemario con el suyo (La resaca del absurdo, es su título,) se apresuró a pedir unos sorbos de limoncello, el delicioso licor de limones sicilianos.

Yo quise acompañarlo en esto y pedí el mismo trago para mí no sin añadir: “David, en unos días me voy a recorrer Sicilia”. “Yo no conozco Sicilia”, fue su comentario. Y recuerdo ahora que le mandé desde Siracusa, semanas después, un mensaje el día que iba a la iglesia donde martirizaron a Santa Lucía: tomé allí una piedra que conservo para ver si el tiempo me permite dársela un día a mi madre.

David me habló de su madre. De la felicidad y de la rudeza de los primeros años de exilio que vivieron juntos en Madrid. Como puso en las notas de todos sus libros, me contó de sus precarios trabajos de camarero, fregador de platos, de las horas de su madre cosiendo a máquina para pagar  la sobrevida mutua de aquel tiempo. “Lo mejor que hice fue irme de Cuba”, repetía David a manera de pausa, una y otra vez, como el fundamento esencial de todos sus actos…irme de Cuba.

Leí la poesía de David a finales de los 90 gracias a Felipe Lázaro. Hilos en el tapiz publicado por Felipe en Betania recibió los elogios de Gastón Baquero a quien, además, David Lago le dedica su segundo poemario, La resaca del absurdo.

En un emotivo obituario publicado en El país su amigo Roger Salas menciona las vicisitudes materiales de David en el exilio, lo que no le impidió seguir escribiendo y editándose. Sus últimos libros, Los sonidos del silencio, Memorias del Este y Old spice, fueron todos publicados en Francia por la editorial Hoy no he visto el paraíso que dirige la poetisa Margarita García Alonso.

David confesaba vivir el destierro como una resaca. Al menos su primer destierro. Como una resaca “ocasionada por la ebriedad del Absurdo”. De ahí la suma de imágenes incoherentes, el conjunto de objetos y sensaciones que no cesan de increpar, como esos despertares sombríos que siguen al alcohol nocturno, expresado, según el escritor Carlos Victoria, “de una forma brillante, secreta e intrincada”.

Quienes la han leído saben que un nihilismo apabullante se escucha vociferar en la poesía de David Lago. El nihilismo de un sujeto que grita contra el peso abrumador de un universo de multitudes, voces y fragmentos, para no ser asfixiado.

Ese es quizás el primer valor de esta expresión, la de insistir hasta la intolerancia para proclamar su libertad a pesar de las hostilidades, la de lograr en el tumulto hacer oír su cólera por encima de la multitud y del Poder. Una voz que no busca aplausos porque se sabe sola y única posesión en sus errancias.

Desde que lo leí pienso, por ejemplo, que un poema como “Consideraciones sobre la idea de la patria” debe tener un lugar privilegiado en cualquier recuento de la poesía cubana contemporánea.

En uno de los poemas que publicara Zoé Valdés  en ZV Lunáticas para una presentación pública que hiciera David en París, se puede leer:

Que abran y cierren la boca

con la frustración de darse cuenta que de ella no sale nada.

Que dejen ya de creerse que piensan.

Que me dejen en paz.

Que el pálpito de la miseria del hombre

vuelva a reposar tranquilo sobre mi párpado,

asumido como vida irremediable, gozosa y sufrida;

Al fin y al cabo, mi única vida.

(“Intolerancia”)

No sé si se ha escrito mucho sobre la poesía de David. En un comentario publicado en el blog Otro lunes, León de la Hoz lo llama poeta maldito y después de reconocer su incómoda ubicación en la literatura cubana, avanza un paralelo: Ángel Escobar que se suicidó en La Habana en 1997. Es cierto que en ambos hay un exceso que desprecia la forma, que toma el riesgo de la imperfección en el intento por explotar los límites de la expresión, el agobio de una negación total de la existencia.

Pero David Lago, además, representa en la poesía cubana la encarnación olvidada de ese exilado total que llevaron al extremo Reinaldo Arenas y Guillermo Rosales. Total porque no se trata únicamente de un exilio político, de la alineación impuesta por la Historia (los tres de alguna manera sufrieron las consecuencias del éxodo del Mariel), sino de una renuncia y una negación asumida tanto por la escritura como por sus propias vidas.

(Un detalle de sus extremos y paradojas. Hace unas semanas David me anunciaba en facebook que me quitaría de la lista de amigos. No recuerdo la causa exacta, pero algo de lo puesto en mi muro le había molestado. Y lo hizo. Compruebo ahora que no figuro entre sus amigos. Pero al mismo tiempo descubro que escribió después de ese gesto inexplicable en su blog El Penthouse de Heriberto, unos párrafos sobre mi libro de poemas, el que le regalé aquella tarde de primavera con limoncello siciliano en Madrid)

Me pregunto si algo de todo este exorcismo me ayuda a responder la inquieta aprehensión que me provocaban David y sus escritos. Creo que hay una especie de sutil reconocimiento en este tipo de molestia, una temerosa admiración por la presencia y el desenfado de alguien que llevó a ambas, la vida y la escritura, hasta un extremo que envidiamos por precavidos o cobardes.

La muerte, quiero decir, la muerte para David, se convierte también como el exilio en una resaca, tan absurda como aquélla que lo excluyó de los premios y los aplausos durante su vida:

UNA VIDA MISERABLE

a LaMarga

Nunca fui amigo de personas socialmente importantes

que pudiera mencionar en los cogollitos de la hipocresía

y dejar a la empleomanía con las bocas abiertas.

Siempre fui demasiado tímido. También demasiado respetuoso.

Pude haberme acercado mucho más a Gastón Baquero, por ejemplo,

pero cuidaba demasiado que fuera a confundir mi admiración

con la babosería habitual de los bufones y los aprendices

que nunca aprenden nada por su propia incapacidad

salvo a repetir los nombres continuamente

hasta que alguien les pregunta con sorna

si no le tusó también el bigote a Marcel Proust…

Y así fue pasando el tiempo. Los festivales pasaban y pasaban

y solamente invitaban con honores a los que podían mencionar

como casi propios, los nombres de los muertos

(esos siempre permanecen callados).

.

© 2011 David Lago González

(Madrid, 17 de julio de 2011)

Foto: Luis Ruiz

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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commentaires

windows support tools 09/05/2014 12:00

I never liked to go to some place and learn things from taking notes and listening to everything in big class room with lots of students. I prefer to have a simple class with a few students. I also like to research on internet and learn stuffs from there. It is better than being a book worm in my opinion.

Félix 24/10/2011 16:54


Querido Armando: nunca conocí a David Lago, pero tengo la sensación de que fue uno de esos "raros" poetas que viven en el limbo canónico, o sea, en ninguna parte salvo en sí mismos y en la memoria
y el afecto de sus amigos. Porque es como si hubieran sido extirpados a su medio natural: sus textos han de ser leídos por cubanos, por la mayor cantidad de cubanos posible, pues en ellos
alcanzarán un sentido más completo. Al mismo tiempo, aunque viviera en Madrid, pareció haber sido siempre un extranjero, un otro, que en estas tierras es un tratamiento tan común para los
exiliados.
Honesto tu homenaje, la confesión de tus miedos y respetos. Interesantes los textos. Espero que algún día estos poetas puedan tener la edición que merecen en el corpus inclusivo de la literatura
cubana. ¡Cuántos autores permanecen aún en esa injusta invisibilidad!
Un abrazo.


luis ruiz 24/10/2011 16:20


Hola, no hay necesidad de dar crédito a quien hizo la foto, fué sólo un comentario a la entrada. Es un honor que la hallas puesto, eso basta. Saludos desde Berlin.


luis ruiz 24/10/2011 09:19


Merecido homenaje a David. Esa foto se la hice en Junio, y es muy probable que fuera en el mismo café donde se sentó con usted, pués allí me llevó después de almorzar para tomar café y beber ese
licor que tanto le gustaba.
Saludos.


Elena 23/10/2011 21:01


Extraordinario Armando, un gran homenaje. Gracias


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