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18 janvier 2015 7 18 /01 /janvier /2015 14:34
PARIS: DUELO POR LA LIBERTAD

Miércoles de pólvora

Los miércoles en París los niños no van a la escuela. Muchas personas no trabajan o sólo lo hacen unas horas al día. Poco antes de las 12 comienza en realidad este 7 de enero de 2015 que la ciudad marcará con una piedra negra en su memoria.

Una provocante expectación invade ya los medios editoriales de la ciudad porque esta noche se presenta el libro Soumission de Michel Houellebecq, polémica novela en la cual se cuenta el ascenso al poder en Francia en 2022 de un presidente musulmán.

Estoy escribiendo en casa cuando llega la noticia por las pantallas. Ya es conocido en el mundo entero. Dos encapuchados han matado a tiros a doce personas en la redacción del semanario humorístico Charlie Hebdo, la revista que figura en una fatua islamista por satirizar al profeta Mahoma.

El ruido de sirenas invade la barriada 11 de la ciudad, la primera en la que viví a mi llegada de Cuba. Se extienden las sirenas por todas partes. Los asesinos huyen. Y se sabe que son dos hermanos, franceses de origen argelino. Gritan al huir -cuentan testigos- que son de Al Qaeda Yemen, y se dan a la fuga hacia el norte después de matar en el suelo a un policía herido: Ahmed Merabet es uno de los casi seis millones de musulmanes que viven en Francia. Su muerte es filmada desde la ventana de su casa por un testigo llamado Jordi Mir y da la vuelta al mundo.

Poco a poco se dan a conocer los nombres de las víctimas. Los rostros, las caricaturas. Francia descubre, incrédula, que la redacción entera del semanario ha sido asesinada: una parte de la vida de muchos franceses –fascinantes y asiduos lectores de historietas– reaparece con el rostro de la muerte.

Joachim Roncin, un grafista de la revista de moda Stylist, inventa en un segundo el eslogan que recorrerá el mundo entero: Je suis Charlie. Y todo se interrumpe. Más bien el universo cotidiano que nos rodea adquiere el ritmo de los acontecimientos. Se buscan testigos. Los periodistas corren a la sede de Charlie Hebdo. Alguien que pudo entrar al local de la masacre explica:

-Todo olía a pólvora en ese lugar…

Suena el teléfono. Me llaman amigos de la radio de Miami. Me comunico con el escritor cubano Jacobo Machover que vive en el mismo barrio de Charlie Hebdo. Por la diferencia de horarios con Miami se invierten las jornadas: paso la noche despierto. Salgo a la calle y trato de ejecutar el solitario desafío de recorrer esta noche los lugares del horror, pero mi hija me llama al teléfono, conmovida por el crimen, y decido volver sobre mis pasos e irme a casa.

Jueves de sangre

Termino de dar una clase  de Master muy temprano en la mañana y un colega español me dice a la salida del aula que ha habido otro ataque al sur de París. En Montrouge alguien ha disparado por la espalda a una chica policía y se ha dado a la fuga.

El tráfico del metro está perturbado como esperaba, pero es una sorpresa ver vacíos los pasillos y los trenes. Una de las reglas de las costumbres de esta ciudad - en la cual vivo desde hace casi veinte años-  consiste en seguir haciendo su vida pase lo que pase. Me temo ahora que dos horrores seguidos comiencen a cambiar hoy esta disciplina de la libertad.

Logro con dificultad desplazarme hasta mi casa. Me siguen llamando de Miami. La poetisa cubana Margarita García Alonso, que también vive en Francia, me dice que ha dado mi número a un reportero de Univisión. Hablamos el reportero y yo, pero él, como la mayoría de las personas que no conocen bien París, ha ido a hospedarse a un lugar simbólico de la ciudad turística, en La Défense, la city de los negocios, en el extremo oeste, al otro lado del lugar de la masacre, en la zona donde no pasa nada cuando cierran las bolsas y las oficinas.

Hoy es el día en que busco a mi hijo Joaquim a la escuela que no está lejos de la redacción de Charlie Hebdo, y me aferro a la adopción de esa regla aprendida con la libertad y aparentemente alterada hoy por muchos parisinos; no cambiaré mi programa y haré lo previsto cada jueves al atardecer.

Pero la ciudad sí cambia sus reglas y el parque aledaño a la iglesia Saint Bernard donde Joaquim juega con sus amigos al salir de la escuela ha sido cerrado por precaución. La proximidad de Cherlie Hebdo y esta especie de estupor silencioso que se adueña de los apurados transeúntes parecen imponerse a ciertas costumbres cotidianas.

Sentados en un café llamado Le chat bossu (El Gato Jorobado) cerca de La Bastille,  Joaquim y yo bebemos una limonada y un café con leche. Mi teléfono móvil suena. Nos ponemos de acuerdo el reportero de Univisión y yo para vernos al día siguiente en el lugar exacto donde callera el policía Ahmed Merabet.

Lo más difícil a explicar, a quienes no viven en Francia, sobre la democracia y la sociedad francesas, es la importancia de la laicidad en nuestras vidas, ese intento republicano de respetar y convivir respetando la fe o las convicciones del otro. Y que el respeto absoluto al derecho a expresarse no puede ser limitado por ninguna creencia. ¿Cómo hacerlo un día como hoy en que se asocia la barbarie a los musulmanes?, me pregunto.

Dejo a Joaquim en casa de su mamá y pretendo llegar a pie al lugar de las muertes de ayer, pero los accesos están bloqueados por la policía y los ramos de flores depositados por anónimos. Una muchacha se ha percatado de mis intenciones y me previene:

-Tenga cuidado, hay manchas de sangre por todas partes…

A estas alturas del anochecer, no puedo sospechar que mañana viernes la ola del terror entrará también a un supermercado judío.

Viernes antes del Sabbat

Poco después de la una de la tarde del viernes logro convencer al reportero de Univisión de cambiar de lugar de nuestra cita. Cerca de mi casa se han escuchado disparos porque el mismo terrorista que ayer asesinó a una policía, ha tomado como rehén a un grupo de personas que hacían sus compras en un supermercado Hyper Cacher  de la Puerta de Vincennes. El lugar está concurrido porque faltan unas horas para el sabbat, la celebración judía del fin de semana. Aunque está muy cerca de casa decido irme  a la Puerta de Vincennes en metro, pero no está abierta la estación. Me acerco a pie lo más que puedo desde la Plaza de la Nación y allí espero al equipo de Univisión.

La ciudad aparece invadida por personas que se apresuran en todas direcciones. Las sirenas obligan a levantar la voz al hablar. Cintas instaladas por la policía impiden el paso u obligan a dar vueltas para poder acercarse al lugar del secuestro. Prevalece en las miradas y en los gestos la sensación de un caos. El temor mayor es que un nuevo ataque multiplique la anarquía reinante. Quizás es este caos que se prolonga ya durante tres días el que hace dudar de la eficacia de los servicios franceses en la captura de los culpables.

Me niego otra vez a cambiar mis proyectos, convencido, además, que tardará la solución al caos. He reservado hace tiempo una entrada para ir a ver la exposición de Hokusai en los Campos Elíseos, y no quiero renunciar a ese placer a pesar de la situación. Es allí, ante las estampas y grabados del gran artista japonés, que adivino en los ademanes de los visitantes que algo ha ocurrido más allá de las olas de Hokusai que el museo exhibe.

Varios pelotones de las tropas de élite francesas mataron de manera simultánea a los tres asesinos, poco después de las cinco de la tarde, es decir, antes del comienzo del Sabbat judío.

El duelo de la libertad

La gente sale a las calles. Las avenidas de París comienzan a inundarse de todo tipo de personas que con pancartas de Je suis Charlie, y  cantando La Marsellesa, se dirigen a la Plaza de la República de manera espontánea. Nadie obedece a ninguna consigna y quizás por eso no hay desorden. Los guía el instinto. O esa especie de cultura cívica a la francesa -tan sorprendente para un cubano- que reivindica a viva voz el derecho a la libertad.

Contrario a lo que pueda interpretarse no se trata de una manifestación contra los musulmanes, sino en defensa del derecho de poder decir hasta una blasfemia sin poder ser juzgado o condenado, en una sociedad laica. Un derecho que ellos, los franceses, saben bien que es una herencia del siglo de las luces y que está ahora más en peligro que nunca por la violencia islamista y un sentimiento antisemita que se recrudece. Un derecho que se conquistó con el triunfo de la razón contra el obscurantismo, pero también con las acciones, porque la democracia también es un combate de todos los días.

Algunos medios anuncian que Michel Houellebecq ha cancelado las presentaciones de su novela Soumission. Afectado por la muerte de uno de sus amigos en el atentado a Charlie Hebdo, el economista Bernard Maris, Houellebecq ha ido a refugiarse al campo.

¿Qué va a pasar de ahora en adelante en Francia? En París en estos días se han puesto en juego los valores esenciales de la democracia europea y la violencia islamista puede que abra aún más las puertas a todos los extremismos. Después de la emoción, del terror y la sorpresa, es decir del duelo por la libertad, los políticos y la sociedad civil tendrán que buscar soluciones a este drama. No se puede únicamente clamar con ardor la libertad de expresión si la propia sociedad que lo hace ha visto nacer, educarse y crecer a monstruos capaces de matar cobardemente a civiles indefensos.

Todos los periódicos de Francia lo confirman: más de cuatro millones de personas salieron a manifestar el domingo 11 de enero. París fue ese día otra vez la capital del mundo. Pero nadie duda que esa fecha marca el inicio de una nueva era contra el terrorismo en la cual, más que nunca, serán los ciudadanos quienes obliguen a los políticos a proteger sus libertades.

(Publicado en Café Fuerte: http://cafefuerte.com/opinion/21199-paris-duelo-por-la-libertad/)

 

 

 

 

 

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Published by Armando VALDES-ZAMORA
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Joaquín J. Delgado 21/02/2015 21:52

El asesinato no tiene justificación. Si embargo, los periodistas de Charlie eran (son) unos sucios que viven del escándalo y el insulto. No nos olvidemos de la imagen de la Santísima Trilnidad en una orgía homosexual.

Yo soy agnóstico convencidísimo. No obstante, critico las creencias de los demás con lógica, sin insultos... pero así no se venden periódicos.

www.gate.net/~joachim/

Mariela 20/01/2015 15:57

Me ha gustado mucho. Cuidate

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